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Nuevos escenarios

De manera silenciosa la democracia española pasa por momentos de erosión a manera de un “continuum” que parece no acabar. Podríamos aludir a la mitología griega recordando a Penélope que tejía y destejía de manera obsesiva a la espera de su esposo para guardar su fidelidad. Un trabajo interminable que simbólicamente fue configurando un nexo de ideas (tramas y urdimbres) del cual surgió un determinado discurso femenino en la antigua Grecia. Este tejer o destejer al que asistimos en nuestro país no contribuye al progreso de la democracia, ni a una mejora de las estructuras de gestión pública. El hecho de acostarse desempeñando un determinado cargo político, o asociado a la política, y levantarse como imputado por la justicia nos hace prever que la situación de la democracia española es más “penelopolesca” que nunca, como diría Mariano José de Larra. Lo que se decía hace unos meses hoy no vale. Estamos asistiendo a un destejer de etapas eficaces del quehacer político, económico y social de nuestro país. La falta de debate y de mejora de los ordenamientos democráticos puede reducir la democracia a un simple procedimiento de adopción de decisiones colectivas olvidándonos de la necesidad de incidir en la calidad de la democracia como fórmula para mejorarla. Es evidente que en la actualidad el gobierno español atraviesa una compleja crisis política que afecta sus miembros y alcanzan a su entorno más cercano. Una crisis que está generando una presión parlamentaria, judicial y mediática que actúa como una espada de Damocles y que muestra deficiencias democráticas graves. Lo que si es cierto es que cada nuevo caso que sale a la luz provoca un sentimiento profundo de desgaste y desconfianza en la ciudadanía y, como consecuencia, un debilitamiento de la calidad democrática que necesita, independientemente del quehacer de la justicia, explicaciones para evitar que el daño sea profundo y duradero y que las situaciones de corrupción se conviertan en un fenómeno recurrente, al que nos estamos acostumbrando de una manera peligrosa y para el que no estamos preparados, aunque ya nada nos sorprende. Siendo verdades o mentiras todos los casos de corrupción que estamos presenciando, parece necesario girar hacia nuevos escenarios democráticos que eviten la crispación y el desaliento de una ciudadanía castigada en muchas dimensiones de la vida diaria. Escenarios que han de pasar por una reconversión de la clase política que active pactos de estado en la educación, la vivienda y la sanidad, entre otros muchos, sin necesidad de ser enemigos y sí adversarios con ideologías distintas, pero que se unen para lograr un país mejor para todos. Nuestra sociedad actual está funcionando con unos mecanismos que la hacen cada vez más compleja y que necesariamente nos avoca a un reordenamiento de los patrones tradicionales. Para situarnos en este nuevo escenario necesitamos de nuevos estructuras de pensamiento que nos permitan encontrar la forma de adaptarnos a él y explorar sus fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades, pero sobre todo estar preparados para experimentar el drama de una globalización que excluye. Buscar puntos de encuentro entre los dos grandes bloques políticos es un desafío que afronta la democracia española para situarse en un escenario que no erosione más aún la calidad democrática. Al contrario que Penélope, que tejía y destejía la misma tela, hay que desechar la tela vieja y traer tela nueva.