Nuestro lugar de nacimiento

25 abr 2026 / 18:13 H.
Ver comentarios

Nos sentimos profundamente orgullosos de nuestro lugar de nacimiento. Sin embargo, nadie elige dónde nace. Esa decisión la toman nuestros padres, normalmente en función de dónde encuentran trabajo, que a su vez muchas veces tampoco coincide con su origen. Así se ha ido configurando, generación tras generación, un proceso silencioso de despoblación en las zonas rurales del interior de España. La provincia de Jaén es un claro ejemplo: ha perdido más de 40.000 habitantes en la última década.

Es evidente que la distribución de la población en España no es uniforme. En menos de diez provincias reside más del 50% de la población. A pesar de ser el quinto país más poblado de la Unión Europea la distribución es muy desigual concentrándose esta en la capital y en el litoral.

Terminamos asumiendo como inevitable lo que en realidad es una consecuencia de decisiones económicas: nos vamos donde hay trabajo, donde hay oportunidades, donde “nace la gente”. Como dice el refrán, “¿dónde nace Vicente? Donde nace la gente”. Y así, poco a poco, dejamos de nacer donde nacieron los nuestros.

Nuestros pueblos se vacían mientras las periferias de las grandes ciudades se saturan. Hemos llegado al punto de preferir una infravivienda inaccesible en una ciudad “de moda” antes que un hogar digno en ese lugar tan encantador y tan rancio como nuestro pueblo.

Si queremos revertir esta tendencia, las políticas públicas deben actuar sobre los factores que condicionan nuestras decisiones. El primero, sin duda, es el empleo: resulta imprescindible favorecer trabajos cualificados mediante la descentralización de empresas y administraciones.

Junto a ello, debemos incentivar la inversión privada con programas de desarrollo territorial, donde las asociaciones rurales juegan un papel clave por su cercanía.

La fiscalidad también puede ser una herramienta decisiva. Observamos, con cierta impotencia, como jóvenes con elevados ingresos fijan su residencia en Andorra. Se podría atacar esta práctica mediante deducciones de cuota en el IRPF por residencia en zonas amenazadas demográficamente. Igualmente existen razones de peso para bonificar impuestos locales como el IBI en primeras viviendas de muchos municipios. También tiene sentido que empresas gocen de bonificaciones en Seguridad Social por las relaciones laborales creadas en centros de trabajo ubicados en determinadas comarcas.

Todo ello debe ir acompañado del impulso a sectores estratégicos, como el olivar tradicional, el turismo o determinadas industrias que pudieran convertirse en puntos con un fuerte atractivo empresarial. Resulta clave que se desarrollen infraestructuras suficientes y de calidad como para que no se perciba una desafectación al resto del territorio.

Pero hay algo aún más importante que cualquier medida económica: la educación y la cultura. Porque si dejamos de creer en lo nuestro, ningún incentivo será suficiente. El reto no es solo que la gente vuelva, sino que quiera quedarse. Y eso empieza por recuperar el orgullo de haber nacido donde nacimos.

Articulistas