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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Nombrar también es justicia

Asesinan cada día a madres, hijas, amigas y tantas otras mujeres. Y, aun así, el género femenino sigue desapareciendo de gran parte del discurso social. Queramos o no, nuestra lengua es la que es. En inglés no existe el género en los sustantivos. Ejemplo: teacher, solicitor, psychologist, chef, engineer. Pero en español sí. Por eso es necesario nombrar a todas las personas cuando hablamos de un colectivo, si no se quiere excluir a alguien. Por más economía del lenguaje que se alegue, las palabras no son neutras: son energía. También lo son los pensamientos —y el lenguaje no es una excepción—. Las palabras vibran, resuenan y dejan huella. Crean imágenes, construyen expectativas y moldean la realidad. Cuando una mitad de la humanidad desaparece del discurso, no desaparece solo una palabra: desaparece una presencia. ¿Cómo saldría un chico tras escuchar durante cinco horas discursos en los que solo oye nombres comunes en femenino? Sin duda, con sensación de exclusión y falta de respeto. Hagan la prueba: “Ha sido constatado por científicas del mundo...”. “Las arquitectas prestigiosas han trabajado en el proyecto...”. “No se desplomó gracias a que las ingenieras...” Escuchen. Y observen lo que cambia.