No es turismo, es trabajo

    19 mar 2026 / 08:30 H.
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    Andaba yo reflexionando, el fin de semana pasado, sobre la visita a nuestra ciudad, de los reyes de España, don Felipe VI y doña Letizia, con el objetivo de conmemorar el 1.200 aniversario de la capitalidad de Jaén, cuando me asaltó la idea de que, personalmente, no envidio ese tipo de viajes. Y es que, en la programación prevista para la visita de SS. MM., estaba organizado visitar el Ayuntamiento, una exposición en el Salón Mudéjar del Palacio del Condestable Iranzo y un recorrido por los Baños Árabes, todo lo cual, está muy bien, no lo discuto, pero, conocer una ciudad, sea Jaén, o cualquier otra, y sus gentes, es mucho más que eso. Hoy en día, somos muchos ciudadanos los que nos gusta aprovechar un par de días, para visitar cualquier pueblo o ciudad que se ponga a tiro, para pasear por sus calles y parques; comprobar si las tostadas del desayuno son como las de nuestra tierra o tienen alguna peculiaridad con las que comparar; visitar sus monumentos más emblemáticos; parar en algún garito con el que hayamos tropezado para tomar el aperitivo de media mañana; volver a reanudar el paseo hasta el próximo destino de la zona; mirar los foros de las redes sociales, a ver dónde aconsejan comer a medio día; dar un paseo para hacer la digestión; parar a tomar un café; continuar con la visita a algún otro lugar aconsejado; y, a esa altura del día, ir pensando ya donde parar para cenar, donde seguro que preguntaremos al camarero qué tiene en la carta que sea típico de la zona, y así hasta el día siguiente, que volveremos a repetir la operación. Sólo de esta manera, creo yo, que pueden conocerse las ciudades y sus habitantes. Y, todo eso se les ha privado a los reyes. No pudieron deleitarse visitando el Pato Rojo, La Barra o Panaceite; ni pasear por Reja de la Capilla; o visitar San Ildefonso. Pero, claro, la visita de los reyes no era una visita turística, sino puro trabajo. Llegan a la ciudad, los llevan a los tres sitios programados, saludan, dan un discurso, oyen los discursos de los demás, comen de mesa y mantel allá donde han querido reservar los demás, los meten en el coche para irse a su casa, y, adiós muy buenas. Mañana a otro sitio. Al final, un montón de kilómetros recorridos, para no captar la fisonomía de las zonas visitadas. Menudo desgaste personal.

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