Muchos son los llamados

    29 nov 2022 / 17:12 H.
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    Tras recorrer caminos sinuosos, a menudo con más tropiezos que aciertos y siempre llegados a una cierta edad, deja de importarnos lo superficial. Ya no interesa tanto gritar a las multitudes como escuchar a quien nos habla de frente, ni buscar el reconocimiento de los demás, ni destacar en ese engañoso y trivial espejismo que llamamos éxito. Descubrimos que el poder y la riqueza no llenan nuestros vacíos; que no hay grandeza sin bondad; que el perdón no se regala, se gana; que hay honores que son indignidades; que algunas personas cuanto más lejos, mejor. Aprendemos que el tiempo libre no tiene precio, que el amor que cuesta mantener no es amor ni se le parece, que la caridad empieza por uno mismo. Y empezamos a colocar las cosas y a las personas en su sitio. Porque en esta vida, y como recoge la cita bíblica, “muchos son los llamados y pocos los escogidos”. No sabemos a qué se deberá esa repentina lucidez, quizá a que un soplo de sabiduría pasa junto a nosotros y nos invade el corazón y la cabeza. Desde ese momento, sin aguantar ya ni un bocado en un ojo, nos damos cuenta de con quién o quiénes merece la pena compartir ese instante de felicidad que nos quede; más corto cuanto más maravilloso sea. Y empezamos a entender, por fin, la vida.

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