Mientras, un cante

27 may 2019 / 12:25 H.

Cuando empiezo a escribir esta “brisa” estoy lleno de dudas. Es viernes y vísperas de grandes noticias para España y para Jaén. Pero, de momento, esas noticias son una incógnita. Nadie sabe qué van a deparar las urnas ni qué pueda pasar el domingo en Ferrol, donde el Real Jaén se juega una inmensa parte de sus ilusiones. El lunes faltarán espacios en los medios para hablar de todo esto, pero hasta entonces, nada se puede adelantar. Y ese lunes tan esperado es hoy, cuando ustedes están leyendo estas líneas y ya estarán despejadas todas o una buena parte de las dudas. Pero yo nada puedo vaticinar. Así que, como se hace en muchas ocasiones, cuando hay un tiempo muerto, un paréntesis, y se le dice a alguien que sabe: “Échate un cante”, les voy a hablar de un gran cantaor: José Menese. No soy muy adicto a navegar por las redes —ni por el mar, porque ni tan siquiera sé nadar— pero hace pocos días me encontré con que unos de los navegadores habituales decía que había muerto el cantaor José Menese, nacido en La Puebla de Cazalla (Sevilla) en 1942. Y es verdad que Menese murió, pero fue en el año 1916. La noticia es ya rancia, pero sirvió para activar mi memoria y recordar que él fue uno de los cantaores que yo admiré, algo que no consiguieron todos. Ya se sabe que en esto del flamenco hay tantos doctores como los hay en el fútbol y en los toros, pero a mí me gusta hablar de la feria según me va, como de los platos de cocina, los que me gustan, me gustan. No soy un super entendido en el cante flamenco, pero he tenido oportunidad de hablar con eruditos del tema que sabían menos que yo. La riqueza y grandeza del cante flamenco es inmensa y, que yo sepa, solo tres cantaores se atrevieron a grabar una antología lo más extensa y completa posible del flamenco: Antonio Mairena, Pepe Marchena y Juanito Valderrama. José Menese fue grande y es posible que no se le ofreciese oportunidad de grabar una antología, peros sus muchos grandes cantes ahí quedaron para la historia. Fue un artista que recibió honores y galardones, pero hasta hace menos de un año no se hizo realidad un sueño que él tenía: que el templete situado en la madrileña plaza Tirso de Molina llevase su nombre. También se le ofreció un homenaje en el Auditorio Nacional, donde él fue el primer cantaor flamenco que actuó. Pero el mejor homenaje es que sus cantes se puedan seguir escuchando y disfrutando.