Es el último modelo, de fabricación coreana, grande como un ventanal de hotel, pero ligero como una de las cuatro plumas de la cobardía. Desde que lo alzaron en mitad de la pared de mi salón, todo han sido buenas noticias: además de que España y olé ha ganado el Mundial, Pedro Sánchez ha dimitido y convocado elecciones; PP y PSOE han alcanzado un amplio pacto de Estado, cuyos pilares son la sanidad, la justicia, la educación, la economía y la cultura, comprometiéndose a gobernar en inédita coalición, si es que les dejan; los agentes de la UCO se aburren en su sede porque ya no existen corruptos a los que perseguir; los nacionalistas quieren seguir siendo nacionalistas y, al tiempo, españoles; Vox ha dejado de crecer y está lleno de complejos; Sumar y Podemos han pasado a restar y a la impotencia; UPyD ha renacido de sus cenizas y las encuestas le auguran 181 escaños; no ha habido ningún incendio forestal; Jaén y Teruel son la locomotora económica de nuestro país, gracias al silicio hallado en su subsuelo... En fin, que estoy muy contento con lo que veo en mi tele. Eso sí, no escucho la radio ni leo los periódicos y, cuando salgo a la calle, voy siempre con auriculares y Mozart, y no hablo con nadie para evitar que el típico enterado me arruine el día.