Mi ángel

    16 ago 2022 / 16:00 H.
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    Ana es eso, un ángel entre nosotros, con su sonrisa perenne afronta su quehacer diario. Una vez le di las gracias, y me contestó algo que no olvido: “gracias a las monjas que van descalzas”, no sé con seguridad si este dicho se refiere a la Orden de las Carmelitas descalzas. Ana es una privilegiada porque vive en un lugar Patrimonio de la Humanidad como es Úbeda, y porque ejerce como sanitaria, un trabajo que le gusta a pesar de que yo creo está subvalorado. Los sanitarios cuando entran a un hospital y se pone su uniforme, todos los miedos desaparecen y solo se centran en un objetivo principal, ayudar a eso pacientes que necesitan de ellos, sin importarles en ese momento correr un posible riesgo para su salud o el de su familia, eso sí, precaviéndose con todas las medidas a su alcance por ejemplo del contagio de Covid, que no ha desaparecido o controlado como quieren vendernos. Por eso desde mis pocas líneas para hablar de todo, quiero pedir a los responsables sanitarios y políticos, que mejoren sus condiciones laborales y sus sueldos y que los presupuestos del estado no se deriven a otro lado, que para ello pagamos nuestros impuestos. Mi querido ángel rubio, gracias por tus apretones en mi pierna cuando estaba decaída y tus palabras sonrientes. Y así me quedo ya en mi barrio.

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