Merry

    16 ago 2019 / 08:38 H.

    Con el calor, el atuendo veraniego, la canción del verano, los chiringuitos, desentona bastante un villancico, un gorro de Papá Noel, un traje Rey Mago, una pandereta o un mantecado. Es un anacronismo casi sacrílego. No lo es tanto el recordar aquello propósitos que hicimos en Año Nuevo, especialmente para evaluar el nivel de cumplimiento, lo que nos reforzará o nos ayudará a ajustar el nivel de autoexigencia del próximo diciembre. Y ya que recordamos esas fechas, ¿Qué hay del espíritu navideño? Época de solidaridad, de campañas de recogida de alimentos y dinero, de “siente a un pobre en su mesa”, de visita a residencias, pero, ¿Disminuyen los indigentes en verano?, ¿Ya no hay ancianos? Pues en agosto siguen estando solos, en lugar de frío pasan calor, pero siguen necesitando humanidad. Estamos en el puente en el que se detiene el país, se dice que es el peor momento del año para acudir a un hospital, imaginen la soledad del desvalido. Todos tenemos en nuestro círculo más o menos amplio a alguien, necesitado de cariño. Dediquemos un ratito de este puente a llamarles, e incluso planeemos una visita, recordemos que uno de nuestros mantras era el “siempre es Navidad”, y como último empujón a nuestra voluntad tiremos del proverbio que asegura que el que da a otros, a sí mismo se enriquece.