Aningún jiennense se nos escapa el hecho de las obras que se están llevando a cabo en el centro de la ciudad, y los efectos colaterales que sufrimos todos los ciudadanos. Desvíos del tráfico, ruido, polvo y aceras intransitables. Pero, obviamente, como sirven para mejorar las calles y actualizar la ciudad, son una incomodidad temporal que debemos estar dispuestos a tolerar, si queremos que Jaén luzca radiante. Es el precio de apostar por una ciudad mejor. Así de sencillo. Pero lo que no debemos asumir, como algo natural, es la suciedad persistente que se acumula en los contenedores de basura y del acerado que los rodea, en la mayor parte de nuestra ciudad. Estos elementos no son secundarios del paisaje, sino, justamente al contrario. Los contenedores están ubicados en los trayectos más cotidianos, junto a viviendas y comercios, en los recorridos hacia el colegio, al trabajo, al mercado, o al paso de cualquier turista que nos visite. Forman parte de la calle que se pisa todos los días y su estado influye en cómo se percibe el barrio. No se trata de reivindicar que la zona destinada a residuos parezca un escaparate, sino de impedir que los malos olores y las manchas se conviertan en parte habitual del paisaje. Esa acera sigue siendo un espacio público que merece el mismo cuidado que el resto de la calle. Huelga decir que los ciudadanos también tenemos responsabilidades.
Dejar bolsas fuera del contenedor o abandonar residuos donde no corresponde perjudica a todos, pero para castigar semejantes actuaciones están las ordenanzas municipales, que se aplican, unas vez más y otras veces menos. Pero esto no obsta a que, por quien corresponda, se lleven a cabo, con más frecuencia y mejor, actos de limpieza de este mobiliario urbano. Renovar Jaén y mantenerla limpia no son objetivos contrapuestos. De poco sirve estrenar una acera o una plaza, si, a pocos metros, caminar junto a los contenedores sigue siendo desagradable. Las obras pueden contribuir a mejorar la imagen del mañana de nuestra ciudad; pero el mantenimiento demuestra cómo cuidamos la ciudad, hoy. Tengamos paciencia con las vallas que circundan las obras, porque acabarán retirándose, pero no nos acostumbremos a esquivar la suciedad. Jaén lucirá verdaderamente radiante cuando sus calles estén renovadas y sus contenedores y resto de mobiliario urbano, limpios.