Cuando Rosendo escribió “Maneras de vivir”, muchos jóvenes de la Transición se reconocieron en aquella forma de estar en el mundo: vivir a contracorriente, desconfiar de las consignas oficiales y buscar espacios de libertad personal. No era una canción de resignación, sino de afirmación vital. Aceptaban la incertidumbre y el desorden de la vida, pero sin renunciar a la propia identidad. Sin embargo, cuarenta años después, cabe preguntarse si aquella actitud se ha transformado en otra cosa. La rebeldía individual parece haber sido absorbida por el mercado. La diferencia ya no molesta. Y la crítica se diluye con frecuencia en la indiferencia. Frente a ello, surgieron otras voces más duras y explícitas. Canciones como “Killing in the Name” de Rage Against the Machine o “Gimme Tha Power” de Molotov no aceptan el mundo tal como es; denuncian el abuso de poder, la corrupción y la injusticia, exigiendo acción y compromiso. Representan una rebeldía que no se conforma con sobrevivir, sino que pretende transformar la realidad. Quizá la pregunta no sea si nos hemos resignado, sino si hemos olvidado que existen muchas maneras de vivir. Y que algunas de ellas siguen consistiendo en no aceptar dócilmente lo que nos imponen.