Un viaje de fin de curso es una experiencia educativa y recreativa organizada al finalizar un ciclo académico con varios días de duración. Estos viajes deben ofrecer beneficios tanto a nivel personal como formativo para los alumnos, proporcionando la oportunidad de disfrutar en grupo, fortalecer lazos sociales y crear recuerdos inolvidables. En el pasado el misterio era total, los alumnos se subían al autobús y los padres no volvían a saber de ellos hasta el regreso, salvo por una llamada rápida de dos minutos desde una cabina telefónica a mitad de la semana. En la actualidad los padres viajan virtualmente con el grupo. Existe un grupo de Whatsapp de profesores y padres donde no falta la comunicación. En el pasado el viaje de fin de curso era, ante todo, un rito de paso hacia la madurez y una desconexión total de las normas del colegio. El viaje de estudios era una aventura salvaje, desconectada y llena de imprevistos que se convertía en leyenda urbana dentro del colegio. El de hoy es más seguro, internacional, multicultural y tecnológico, enfocado en exprimir la experiencia del destino sin perder el cordón umbilical con el hogar. A veces parece más turismo escolar que de estudios.