Los traidores
Tantas cosas se nos han hecho creer. Una y muy importante, que la Transición había superado por fin el enfrentamiento cainita entre españoles, que surgía una nueva era desconocida en nuestra historia. Mentira. Porque no se fueron. Seguían ahí disfrazados oportunamente, pero ahí seguían. Hubo quien cerró los ojos y amplió su olvido. Hubo quien tenía la esperanza de aquello de “conocer el pasado para no repetirlo” y que su efecto balsámico y reparador sembrase un nuevo árbol de especie nueva. Hubo quien, simplemente, se iba creyendo el cuento de caperucita. Pero si no se daba a conocer ese pasado, si cuando se intentaba solo se mostraban las hojas favorables a nuestro relato, si se preparaba en base al relato adulterado un nuevo y más poderoso cuerpo de doctrina y propaganda, entonces ¿seguir creyéndose la enorme trola existencial? No. Van cayendo las hojas del calendario para llevarnos hacia atrás. Están ahí y se descubren sin pudor. Para lograr lo de arriba hace falta mucha renuncia y no se está dispuesto a hacerlo. Por eso en la Transición llamaron traidores a Suárez y a Carrillo.