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Los derechos, para el verano

Este verano parece rutinario. Arden los montes, el aire y el ánimo ante el desastre visto en las pantallas. Mientras, Jaén abre escenarios y presume de provincia de festivales. Apostar por la cultura musical es apostar por identidad y futuro. Son luces y sombras. ¿pueden disfrutarla todas las personas? Nos encanta contar asistentes e impacto económico. Las cifras tranquilizan porque no valoran si una persona sorda “escuchó” el concierto, una ciega pudo orientarse o quien usa silla de ruedas acabó en una plataforma apartada. Colgamos el “no hay entradas” sin pensar en quien nunca pudo comprarlas en una web inaccesible. Todas las personas caben en la fotografía, aunque algunas sigan fuera. ¿Inclusión? La accesibilidad no es colocar una rampa y fotografiarla. Exige diseñar itinerarios, aseos y espacios dignos; información y entradas accesibles; personal formado, lengua de signos, subtítulos y apoyos sensoriales. ¿Cuesta dinero? Sí; y también los escenarios, pero solo la igualdad parece cara de más. Promotores, administraciones y legisladores comparten una curiosa sensiblería. Defienden la inclusión mientras no altere el programa, el aforo o la cuenta de resultados.

Las administraciones subvencionan con dinero de todas las personas actividades que no todas pueden disfrutar; los promotores confunden el mínimo legal con la perfección ética y el legislador habla de derechos para dejarlos esperando en taquilla. La doble moral también tiene buena acústica. Lo expresa Zizek: “La hipocresía es la base de la civilización. Los rituales y las apariencias sí importan. Si abandonamos las apariencias y enfrentamos la realidad, esta suele ser bastante horrible”. Ante esta singular postura, otras personas trabajan para cambiarla. Yolanda de la Fuente investiga y coordina en la UJA el Máster en Accesibilidad para Smart City, que forma internacionalmente, entre otras ideas, que la cultura es un derecho universal y debe recogerse para todas las personas. Ese conocimiento se hace práctico con Raquel García y la Fundación Music for All, que han convertido el Cooltural Fest de Almería en un espacio accesible para todos donde aplicar y mejorar medidas transferibles a otros festivales. Jaime Gandía, guitarrista de Supersubmarina y Melifluo, denuncia barreras y difunde la sensibilización desde su experiencia de músico; Julio Olivares, desde UniRadio Jaén, difunde esa investigación y buenas prácticas que demuestran que otro festival es posible.

La reforma de las leyes de dependencia y discapacidad aprobada el 14 de julio extiende apoyos, elimina incompatibilidades y refuerza la financiación pública. Es una señal de sensibilidad del Estado ante la diversidad. Falta que esa sensibilidad abandone los discursos y llegue a la entrada y recintos de cada festival. Disfrutar de la cultura no puede depender del reconocimiento administrativo, del código postal ni de la cuenta corriente. Jaén será pionera en cultura musical cuando nadie deba agradecer como favor lo que le pertenece como derecho. Pensar festivales accesibles no es una exigencia molesta ni una generosidad del organizador; es una deuda moral. Quizá el desastre más silencioso de este verano no sea que alguien quede fuera de un concierto, sino que quienes estamos dentro sigamos bailando sin preguntarnos quién falta. Piénselo.