Los

    05 jul 2019 / 11:18 H.

    Aquel lejano año pagábamos aún con pesetas, nacía Google, la España de Clemente y Zubizarreta ni pasaba de la primera fase del mundial de Francia ni soñaba con lo que vendría. Los universitarios de entonces ahora son cuarentones, aquellos cuarentones ahora sexagenarios. No había llantos, ni lamentos, ni mapas virales. Veinte años después el AVE rasga en la piel de toro firmando el aislamiento de nuestro Jaén. Tan tremendo desprecio debería ser el aguijón definitivo que nos haga levantarnos bravos. Los números de los 100 kilómetros para esquivarnos, los 35 kilómetros por hora del “alta” velocidad, los 1.600 millones de nuestros bolsillos deben recordarnos otros números. Necesitamos líderes que dentro de veinte años sean nuestro orgullo, lo que merecemos. Despreciemos la resignación heredada y unámonos por nuestro futuro. Seamos de Jaén antes que rojos, azules, naranjas, morados o verdes, antes que hombres o mujeres, que jóvenes o ancianos; ingenieros, periodistas, políticos, olivareros, maestros, parados... Y dejemos claro que se moltura nuestra aceituna, no nuestro futuro ni a nuestra gente.