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miércoles, 17 julio 2019
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URGENTE
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Sofía Casado

Lo vimos venir

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Este verano, Steve Bannon, directivo de la empresa que utilizó datos privados de millones de usuarios de Facebook de forma ilegal para beneficiar tanto el Brexit como la victoria de Trump, vino a Europa para ayudar a la extrema derecha a conquistar el Parlamento Europeo en las elecciones de mayo de 2019. Sus servicios habrían incluido: investigación académica, análisis demoscópico, así como tratamiento de datos y su uso electoral. La razón de Trump para enviarnos a su exasesor, en mis cortas luces, es evidente; dividir a la Unión Europea y, de camino, esparcir por aquí y por allá algunos gérmenes de la famosa Doctrina del Shock. Es decir, que cuanto más caos exista, un puñado de hombres de negocios hará aún más inmensas sus fortunas. Pero esta situación no crece de la noche a la mañana; el campo ya estaba abonado como lo prueban las declaraciones del alto comisionado del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, mostrando su preocupación sobre la propagación del discurso de racismo y xenofobia en Europa. Un discurso desplegado por los gobiernos liberales de más de la mitad del continente y, obviamente, por los partidos de extrema derecha arraigados en muchos países europeos y que ya gobiernan en Italia, Hungría, Polonia y Austria. Una década de crisis sistémica ha servido para extender por todo el mundo las raíces de la desregularización, de las privatizaciones, del aumento del paro, del escepticismo hacia las instituciones democráticas, de la desprotección ante el desmantelamiento del Estado Social y de un capitalismo salvaje que pretende instalar a sus títeres en los gobiernos de la poscrisis. En España, a muchos les ha sorprendido ver de pronto a Vox llenando el estadio de Vistalegre de Madrid y lanzando algunas máximas que parecían oxidadas, como que hay que superar el “ruinoso” estado de las autonomías para retornar a un estado unitario; la promesa de derogar las leyes contra la violencia de género y de Memoria Histórica; o devolver a los inmigrantes a sus países de origen. Pero aquí tampoco han crecido de la noche a la mañana como setas. Si no los hemos visto venir es porque ya estaban, solo que aguardaban agazapados en Facebock, y en grupos Whatsapp, alarmándonos periódicamente con mensajes que terminaban diciendo:” ¡Pásalo, pásalo. España en peligro!”. Son los que van a las misas que retrasmite La 2; son los primos lejanos de tu familia que solo ves en las bodas de postín; son los que se burlan del PER de los andaluces; son los mismos que iban a los mítines de Blas Piñar –el señor que fundó Fuerza Nueva y que también llenaba estadios durante los primeros años de democracia-, que luego votaron al PP y que ahora están desencantados; son quienes tienen 13TV guardado en el número 13 de su mando a distancia, incluso en el seis; y son sesenta mil, de las sesenta mil veinticuatro visitas que han acudido al Valle de los Caídos durante el mes de agosto. La única diferencia es que ahora estamos en el momento propicio para que los tradicionalismos filofascistas agiten la bandera de las emociones y los sentimientos nacionalistas, frente a valores supranacionales, multiculturales y de tolerancia que identifican a la Unión Europea y a un utópico mundo de naciones unidas. Ahora, los partidos que aúnan a los reaccionarios, reaccionan divinamente contra la inmigración, contra el feminismo, contra la memoria histórica, contra los gais y las lesbianas que son ‘producto del consumo de las drogas’ (dijo Bolsonaro en Brasil), contra algunos asuntos del bajo vientre como el aborto legal (no el otro, claro), contra los partidos políticos, contra las políticas de igualdad, contra la prohibición de las armas, contra los impuestos, contra las Autonomías y, en general, contra todo lo común, lo diverso y lo social. Pero como el rumiante que mastica, erre que erre, con destreza incansable, así corroe mi alma algunas dudas sobre el posicionamiento de estos ultra New Age ¿Tontearán con del Budismo, los cristales y los chakras? ¿Estarán muy en contra de los anti taurinos, los anti vacunas, la leche cruda... o la carne cruda; la de la famosa paleodieta?