Lisboa suena a fado

    15 abr 2026 / 08:47 H.
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    Los portugueses piden permiso así: “com licença”. En Lisboa la tarjeta de transporte te hace sentir especial, te llaman: navegante. Los edificios se sujetan con cordones de ropa tendida. Los cables del tranvía, convierten al cielo en un puzle compuesto de piezas azules y de nubes. Sus aviones han sido bautizados con nombres de figuras históricas como: Vasco de Gama, Pessoa y la fadista Amália Rodrigues. Por el día el fado ensaya en las tiendas de souvenirs. Ya en la noche por las rúas del Chiado, en una tasca suenan los fados corridos que son más alegres y también se estrenan los tristes. Espero al fado, con los pies cansados dentro de una tasca de mesas estrechas, taburetes pequeños y miradas de desconocidos. Entra el cantante de mirada altiva, con un abrigo de piel de un animal raro que no sé ni el nombre. Los camareros logran el silencio a base de regañones por las mesas. Se cierra la puerta exterior. Se apagan las luces y se enciende una única bombilla roja. Suenan las guitarras. Empieza su voz. Se oye ya el fado que rompe el sentimiento. Lo rompe al final como si fuera tan sólo un pedazo de cristal. Yo no puedo romper sentimientos. Ese es el poder del fado.

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