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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Líneas amarillas

El derecho internacional basado en reglas ha saltado por los aires. Han nacido en el mundo las “líneas amarillas” que se han validado cuando el ejército israelí, ha arrasado de nuevo decenas de aldeas libanesas para alejar al enemigo hacia el norte. De la noche a la mañana, el territorio ocupado, pasa a ser una zona de seguridad bajo control israelí como ya ocurrió en Gaza. Israel con su política hostil a cualquier ordenamiento internacional, aspira a dar forma al Gran Israel, para ello aplica un modelo que empuja a la población fuera de la línea divisoria después de dejar un territorio despoblado y en ruinas. La nueva frontera o desplazamiento forzoso de civiles es ilegal por la destrucción masiva de la propiedad civil y por la limpieza étnica de la población chií. Se repite la táctica de “tierra quemada” de Gaza, donde el ejército israelí ha dejado en ruinas casi el cien por cien de las casas. Este proceso de destrucción, durará mientras la Casa Blanca mantenga su apoyo militar y financiero a la teocracia israelí. La situación bélica que han originado los dos “amigos” es un revés para el orden internacional, no se puede iniciar una guerra en Irán y dejar que el desgaste económico, esté poniendo en una encrucijada de difícil resolución el libre comercio y la situación geoeconómica de países que nada tienen que ver con guerras ilegales como fueron las de Irak y Afganistán que nunca se cerraron, pero lastraron, como esta, la economía mundial. El reparto unilateral de territorios y mares es una pretensión de quienes utilizan la acción militar como coacción. En Europa, Putin con sus aires expansionistas, lo intenta apoyado por la extrema derecha europea, espero que esta última salga derrotada pronto en las urnas como ha ocurrido con Orban en Hungría —el beso de la muerte de Vance ayudó—. No vaya a ser que a Trump y su ambición por el dinero y el poder, también le dé por destruir la Civilización Occidental, algo que se me antoja improbable pero por amenazas que no quede, aunque con su verbo grosero y agresivo, no se corta a la hora de atacar a demócratas como Friedrich Merz, canciller alemán, al laborista y primer ministro Starmer, al socialista Pedro Sánchez, y de tener un rifirrafe con su aliada Giorgia Meloni, que perdió el referéndum sobre la reforma de la magistratura por su acercamiento a Trump. Resulta curioso que a Trump, su legión de seguidores evangélicos, lo considere un dios mientras que, en Nueva York, la clase cultural neoyorquina, lo imagina un hortera que no ha tenido en cuenta que el papa León XIV se mueve entre las denuncias de todas y cada una de las injusticias humanas y la neutralidad para poder mediar en los conflictos globales. El Papa ha sido claro en sus mensajes contra la guerra y la desigualdad, la tiranía del poder que ejercen Putin, Netanyahu y el propio Trump... y con el uso inapropiado de la religión que justifica la violencia. No tiene sentido seguirle el juego al líder del populismo internacional, ese que impone aranceles injustos, el que gusta de violar soberanías nacionales, apoyar a genocidas, expulsar ilegítimamente a inmigrantes o manifestar que quiere anexionarse
Groenlandia, Canadá, México o Cuba, es para cuestionarse seriamente el apoyo a una imagen trumpiana que existe en virtud de los shows que monta dentro del sistema democrático, ese que ataca cada día con total impunidad ¿Se atreverá Estados Unidos directamente con China?