Lecciones de pandemia

    11 feb 2022 / 16:26 H.
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    Hemos sido uno de los países europeos donde hay más personas vacunadas y donde más rápido se ha vacunado a sus ciudadanos, pero, a pesar de este gran éxito, la mortalidad acumulada ha sido muy alta, por poner un ejemplo, casi ocho veces mayor que en países como Noruega. Quizás la primera lección que debemos aprender es que la vacunación, aunque es imprescindible, no es suficiente. Vivimos en uno de los países de Europa Occidental con mayores desigualdades y nuestro Estado del Bienestar está escasamente financiado en comparación con nuestro nivel de desarrollo económico. La pandemia nos ha dado muchas lecciones, entre ellas la de que esa baja financiación provoca unos déficits entre cuyas consecuencias está la de la elevada mortalidad por covid-19. Los servicios de salud pública son fundamentales para nuestra calidad de vida, para llevar un control sobre lo que consumimos y su calidad, sobre el trabajo, el agua potable, la calidad del aire, entre otras muchas cosas, y, por supuesto, para el control de las enfermedades y las epidemias. El desarrollo equitativo y universal de los servicios de Salud Pública, de los servicios sanitarios y sociales públicos requiere las intervenciones públicas y sociales que protejan y empoderen a la ciudadanía. No se podrá pasar de una pandemia a una endemia sin unos servicios de vigilancia mucho más extensos que los que actualmente existen en nuestro país. Los expertos sanitarios apuntan la necesidad de un sistema de atención primaria mucho más desarrollado que permitiese trabajar en unas condiciones más óptimas. Insisten en la importancia de la inversión en la Sanidad Pública, de invertir en recursos, que aunque en determinados momentos no se utilicen, sale más barato que no tenerlos. Tiene menor coste económico estar preparados que contratar a profesionales en situaciones desbordantes. Lo que ha quedado claro en la situación que vivimos es que nuestro país cuenta con los mejores profesionales, excelentes, pero escasamente dotados de recursos públicos. La pandemia nos ha dado la lección de mostrarnos la gran necesidad de tener buenos y bien financiados servicios de prevención y atención sanitaria junto con los servicios sociales universales como los de ayuda a las familias, a la dependencia o a la infancia, por poner algunos ejemplos. La falta de recursos en nuestro subfinanciado Estado del bienestar y más aún en los servicios de salud pública es también causa y consecuencia de que exista esa dualidad de sanidad pública y sanidad privada que en nuestro país alcanza su máxima expresión con los funcionarios públicos y su derecho a acceder a la sanidad privada financiada en su caso por el Estado. Esta situación facilita el que perdure esa dualidad entre una sanidad que atiende a la mayoría de la población y otra que atiende a una minoría en uno de los países europeos con mayores desigualdades por clase social. Perpetuar la pobreza de la sanidad pública perjudica a todas las clases sociales, ya que en casos graves como la pandemia es la pública la que desarrolla las funciones más importantes y su escasez de recursos afecta a todas las clases sociales. Nuestro gasto público per cápita en cada una de las dimensiones de nuestro Estado del bienestar es de los más bajos de Europa Occidental. Y esta escasez de recursos está basada en una polarización por clases en la que un 30% de ciudadanos con rentas superiores usan los servicios privados y el otro 70% acude a los públicos. Situación que daña a todos ya que la pobreza de recursos en lo público al final afecta a toda la población. La mortalidad por covid-19 en nuestro país entre las clases pudientes es mayor que en países como Noruega, pero no se debe a la riqueza
    o pobreza de un país, sino a que existen menos desigualdades de renta y de propiedad. Incrementar las desigualdades obstaculiza aún más la resolución de la pandemia. Las fuerzas conservadoras y el liberalismo no quieren verlo, les parece imposible entender que la solidaridad es más eficiente que el egoísmo individualista extendido por el sistema económico actual.

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