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Las miradas de los hijos

    11 ene 2023 / 17:37 H.
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    Se terminaron las fiestas navideñas y ya hemos vuelto a la normalidad de la rutina diaria cargada de propósitos para este nuevo año recién estrenado, propósitos que la mayoría de ellos se suelen olvidar pronto si no se trabajan de la manera más conveniente. Entre tantos mensajes e imágenes que he recibido por Whatsapp, con motivo del día de Reyes, me llegó uno con el siguiente texto: “Y muchos años después, descubrí que los reyes no eran los padres. Los padres eran el regalo”. Como hijo nada tengo que añadir a esta gran verdad; como padre expresar que el mejor regalo que podemos recibir los padres es la mirada de nuestros hijos. Cada año, con mucho amor, nos esforzamos por dejarle a nuestros hijos los mejores regalos que podamos; cada año nos compinchamos los unos con los otros para acertar en aquello que les gusta o que necesitan. Este año, por circunstancias diversas, me he detenido más en las miradas de mis hijos y he sido aún más consciente de todo lo que me regalan sus ojos, nada comparable a lo material, que gusta, pero no es imprescindible. Lo que sí es imprescindible es recoger todo lo que esas miradas de nuestros hijos nos quieren transmitir. Miradas de agradecimiento que normalmente no se acompañan con palabras; miradas de felicidad porque no tienen miedo; miradas de alegría por lo que en ese momento están disfrutando; miradas de preocupación porque no ven un horizonte claro; miradas de perdón por algo que no tiene explicación; y también miradas de ayuda, por que nos necesitan y no saben cómo expresarlo con palabras. Los hijos nos hablan con sus miradas y nosotros muchas veces no sabemos entender sus miradas, porque quizás no los miramos bien a los ojos. Si contemplar un amanecer o atardecer nos llena de energía, contemplar la mirada de nuestros hijos nos tiene que llenar de vida, sí, con mayúscula, no con esa vida que tantas veces vivimos en minúscula sin pasión ni ilusión. A pesar de tantas dificultades no hay nada como vivir rodeado de las miradas de nuestros hijos, miradas que nos enseñan que la vida es para aprender a amar, y nada mejor que empezar por ellos.

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