Las malas inferencias

    28 ago 2023 / 09:02 H.
    Ver comentarios

    Supongo que es positivo personalizar la gestión política que nos toca vivir, no tanto para enaltecer o denostar a quienes la lideran sino para discernir a qué tipo de cultura corresponde la ejercitada y el perfil humano que la encarna. En otro tiempo creo que como autocrítica, uno se preguntaba, por qué la cultura y el progreso se atribuyen, sin más a la izquierda. La pregunta es, en sí misma, impertinente. Cretinos los hay en todas las habitaciones intelectuales de este mundo. En todo caso, no lo sé aun, ni ya me interesa el averiguarlo; cada vez me motivan menos las esencias políticas o de cualquier naturaleza; de manera que trato de huir de tantos predicadores, diría que en algún sentido envilecidos y que acuñan tópicos, anuncian catástrofes, de forma que de la palabra menos acida, del gesto más neutro y de la acción más irrelevante pretenden inferir en política el sexo de los ángeles. Ello no obstante, el problema radica en que, pese a todo, resulta necesario realizar inferencias en cada encrucijada política, como la que, en estos momentos, nos corresponde constatar, lejos de Prometeos electorales y sin miedo a las águilas devoradoras del hígado de los humanos. Y no todo son errores. En ocasiones se acierta. Hay quienes con toda cordura se formulan la siguiente pregunta; ¿Por qué un partido político ultra derechista como Vox que tanta incomodidad genera, elige, cuando su socio PP lo permite, consejerías de agricultura o cargos afines al mundo rural? Véase como ejemplo más reciente la nueva composición del Gobierno de Aragón, integrado por PP y Vox. Aparte de una vicepresidencia, Vox consigue las áreas de despoblación, agricultura y ganadería. El fenómeno se reproduce, con ligeras variantes un territorio que se supone será conflictivo y, llegado al momento, exacerbar las legitimo intereses de unos ciudadanos a los que la izquierda no siempre dio adecuada respuesta. Desde luego existen excepciones y la más cercana e incluso dentro de nuestra provincia, se llama Diputación Provincia. icilio de ambos.

    Desde el advenimiento de la democracia y sin solución de continuidad, en cuantas elecciones se han celebrado en nuestro país, el mundo rural de Jaén ha mantenido el sentido de su voto en favor de la izquierda, con independencia de que en la capital se alternasen la alcaldías y el gobierno del municipio del PSOE y PP. La única provincia de Andalucía que ha gozado de dicha singularidad. Ni siquiera en la relativa debacle que ha supuesto para la izquierda las más recientes elecciones locales. No hace pocos años, se promovió, a instancia de un partido inexistente, Ciudadanos, la propuesta de “Diputaciones bresit”, a lo que se opuso el entonces presidente de la Corporación Provincial. Y aún más, en este mismo Diario, se alertó cómo las Diputaciones se han erigido en la herramienta más eficaz para pelear contra la desigualdad de los territorios. En algún sentido, el modelo de desarrollo progresista debe robustecerse con las respuestas que, desde cualquier partido se ofrecen para evitar la despoblación, la desigualdad en el aprovechamiento de los servicios y de los derechos que continua el Titulo Primero de la Constitución.

    Al principio de esta reflexión mantuvimos la conveniencia de personificar la gestión política. En tal sentido, (y ya se han celebrado las elecciones), la persona jurídica que encarna tan exitosa gestión, se llama Diputación Provincia y el líder que la representa es un político del pueblo y para los pueblos más desfavorecidos. Hablo de Francisco Reyes.


    Articulistas