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Las andadas

Los unos se radicalizan porque se radicalizan los otros y los otros dicen lo mismo de los unos. Es la situación perfecta para que salten chispas que a nadie interesan. Es cierto que el mundo vive momentos muy difíciles y no hay más que mirar países como Brasil, Francia, Sudáfrica o Gran Bretaña. Pero no es menos cierto que esta ola de radicalismos ha tenido que salir de alguna mente brillante y pérfida, pues las coincidencias no son pocas y, a veces, extremadamente preocupantes. En España ocurría lo mismo. Cuando surge un problema de inmigración, de “ataque a la soberanía territorial”, de pronto unos cuantos descubren que el problema de España no está en Ceuta sino en la vivienda y se desplaza toda reivindicación de la soberanía territorial a Madrid, concretamente a Sol. Todo ello aderezado con los parabienes y agradecimientos a los atacantes. Demasiadas coincidencias para ser cierto que no lo son. Como colofón los sindicatos se doblegan a la petición de un no sindicato que sigue las líneas del gobierno y convocan una huelga general en contra de la oposición. Yo participé en la organización del 14D y aquella huelga general supuso el fin de las relaciones orgánicas entre PSOE y UGT. Lo que ocurre hoy es precisamente lo contrario: se pone a los sindicatos al servicio del gobierno de una manera vergonzante. La independencia sindical también es un derecho de los trabajadores.