La vida tridimensional

    27 may 2021 / 10:14 H.
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    Que no, que yo no estoy viendo en Netflix ninguna serie turca de hermosas mujeres ricas y cultas sometidas por amor a la voluntad de toscos varones machistas. De hecho, desde que escuché la novela de radio “Simplemente María” con mi abuela, no he vuelto a seguir un culebrón. Pero si casualmente mirara de reojo algún capítulo suelto de los ciento sesenta y cuatro de esta obra de arte que no sigo, sería por su intrépida trama policial más que por unas frases normalizadas que me atrapan a la pantalla como el fuego a la mirada: “llora como una mujer”, “vete a la cocina” o “me perteneces a mí y a nadie más” lapidan las demás formas de violencia de género o misoginia de esa serie que yo no veo. Willy Brandt, máximo representante de la socialdemocracia europea, definía con precisión la construcción de una Europa abierta que combinara el ejercicio de la libertad, la participación democrática y los derechos sociales que garantizan la total equiparación social de hombres y mujeres. Sobre estos principios se construyó el consenso constitucional de 1978 y las posteriores acciones de discriminación positiva que me hacen preferir este país a muchos otros..., al menos para la vida tridimensional.



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