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La trampa de la masculinidad

El 10 de septiembre se celebró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Por lo tanto, se permitió que la televisión difundiera los datos estadísticos que solo parecen importar durante su efeméride. Entre ellos, uno llama especialmente la atención: los hombres mueren por suicidio tres veces más que las mujeres. En general, las causas de este drama son múltiples y apenas se abordan con la profundidad necesaria. Hacerlo obligaría a asumir responsabilidades que alcanzan a todos los ámbitos que sostienen el Estado del bienestar. En cuanto al factor de género. Según Medicusmundi, el modelo tradicional de masculinidad dificulta que muchos hombres pidan ayuda por miedo a mostrarse vulnerables. Se mide el valor personal por el éxito externo —dinero, imagen, rendimiento— y la fragilidad se interpreta como debilidad. Así se alimentan la presión permanente, el miedo al fracaso y la dificultad para expresar el sufrimiento. Pedir ayuda psicológica se percibe como una derrota, lo que retrasa la detección y el tratamiento hasta que es demasiado tarde. Quizá haya que preguntarse si el modelo que pretende hacer de los hombres seres fuertes e invulnerables no está, en realidad, poniendo en riesgo su propia vida.