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La riqueza de las naciones

En mi anterior colaboración hice referencia al libro que despertó en mí la vocación por la Economía, “Política económica”, de Fuentes Quintana y Velarde Fuertes. Hoy traigo aquí otra obra de las que podemos llamar “de culto”, “La riqueza de las naciones”, de Adam Smith, y de cuya publicación celebramos este año su 250 aniversario, ya que el primer ejemplar salió a la luz el 9 de marzo de 1776. De aquella primera edición he tenido la inmensa suerte de tener en mis manos un ejemplar, que se encuentra en la Leighton Library de Dunblane en Escocia. Corría el año 1995 y durante uno de mis habituales viajes, en esa ocasión por el Reino Unido, convencí a mis amigos acompañantes para desplazarnos hasta la ciudad escocesa con el exclusivo propósito de contemplar durante unos minutos, con las manos enguantadas, un ejemplar primigenio del libro que marcó el nacimiento de la ciencia económica.

Los antecedentes precientíficos de la Economía los encontramos en el mercantilismo, que se extendió por Europa entre los siglos XVI y XVIII y que propugnaba el proteccionismo, la intervención del Estado y la balanza comercial favorable. En el siglo XVIII se desarrolló en Francia una línea de pensamiento económico, la fisiocracia, que creía en la agricultura como única fuente de riqueza y cuyo principio más conocido, “laissez faire, laissez passer, le monde va de lui-même” (dejar hacer, dejar pasar, el mundo va solo), ha pasado hasta nuestros días como uno de los principales lemas del liberalismo económico. Con estos precedentes, hoy consideramos que el padre de la ciencia económica fue Adam Smith, nacido en Kirkcaldy (Escocia) en el año 1723, y que estudió en Glasgow y en Oxford teología, filosofía, moral, derecho, humanidades, literatura y matemáticas. Con esta vasta formación, en Francia se empapó de la filosofía de los fisiócratas, Quesnay y Mirabeau, particularmente de su defensa del liberalismo económico. Hoy, 250 años después de la publicación de “La riqueza de las naciones”, no hay duda de que Adam Smith es el precursor de la ciencia económica y que esta obra es el manual en el que han bebido todos los liberales que en el mundo han sido. Se dice que Margaret Thatcher llevaba supuestamente un ejemplar en miniatura de este libro en su bolso. Asimismo, los republicanos de Ronald Reagan se ponían corbatas con la imagen de Adam Smith como una declaración de principios.

Extraigo a continuación algunas de las más importantes ideas y principios de la obra clave de Smith y de la ciencia económica. La más conocida: “Los individuos no tratan de promover el interés público, solo tratan de sacar un provecho personal, y en éste, como en otros casos, son llevados por una mano invisible a promover un fin que no estaba en sus intenciones”. Otra: “Raras veces se reúnen las gentes que ejercen el mismo negocio, ni siquiera por diversión o entretenimiento, pero cuando lo hacen, la conversación suele terminar maquinando para subir los precios”. La última: “¿Por qué el agua, tan útil que la vida es imposible sin ella, tiene un precio tan bajo, mientras que los diamantes, que son totalmente innecesarios, tienen un precio tan alto?” (ver Diario JAÉN del 7 de agosto de 2023). Han pasado dos siglos y medio y las aportaciones de Adam Smith siguen alumbrando el pensamiento económico liberal.