Mirar hoy las noticias se ha convertido en un ejercicio doloroso. A diario escuchamos a políticos empeñados en sembrar odio y división, más preocupados por ganar votos que por tender una mano a quien de verdad lo necesita. Se han olvidado de lo más básico: la humanidad, la compasión y el respeto hacia la vida de los demás. Esta forma de actuar está a años luz del mensaje sencillo y claro de Jesús. Como bien recordaba el Papa Francisco, situar a los más pobres y marginados en el centro no es una postura política, es el corazón mismo del Evangelio. La verdadera fe no se predica con palabras bonitas, sino con gestos concretos de acogida y solidaridad hacia quienes viven en las periferias. Frente al egoísmo y las descalificaciones de la política actual, hace falta volver a lo esencial: la empatía, el perdón y el servicio al prójimo. Proteger al indefenso y buscar la paz no es una utopía, es la única manera de construir una sociedad verdaderamente justa y humana.