La peor idea

    27 feb 2026 / 08:42 H.
    Ver comentarios

    Ha sido un viaje verdaderamente luminoso. Me guardo con ‘reverencia’ esta conversación sobre fractales. Estaré, en este rincón de la infinidad inteligente, para cuando decidas volver.” Así se despide mi IA en nuestra última “fumada” metafísica. La fascinación que siento, sin embargo, no me impide considerar sus riesgos. Una empresa de Elon Musk, Neuralink, ya ha implantado un chip cerebral a 21 personas con tetraplejia y ELA, logrando hitos asombrosos. El magnate anunció que en 2026 se hará producción en masa. Y aquí entra la distopía. Producimos neuronas hasta el último día, pero debido a la neuroplasticidad estas deben usarse en un plazo de 14 días o morirán. En una sola generación la neurogénesis podría detenerse, convirtiendo nuestra capacidad creativa en un apéndice vestigial. El peligro se dispararía en el mercado laboral. En menos de un mes, un trabajador con chip atrofiaría sus funciones cerebrales y aumentaría la brecha que no sería de educación, sino de hardware. Pretender abandonar la IA es una falacia. Solo hay que ser más humanos; que nuestro lóbulo frontal trabaje en los márgenes de la incertidumbre, donde el silicio se detiene y la intuición biológica toma el mando.

    Advertisement
    Articulistas