La pandemia y la hipocresía

06 ene 2022 / 17:01 H.
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Veintiún meses después de la explosión de la pandemia de la covid-19, ésta sociedad hipócrita y poco consistente, parece que se ha dado cuenta de que estamos en una enfermedad epidémica que se extiende a la mayoría de los países y ataca a casi todos los individuos de nuestro planeta tierra. De todos es sabido que “se trata de una lucha global contra un virus y sus mutaciones”, que se ha de llevar a cabo de manera colectiva para llegar a vencerlo y lograr que deje de ser peligroso para la vida de las personas. Produce hastío repetir aquello de que uno de los remedios y el más importante ha de ser igual para todos. Me refiero a la vacunación que se ha llevado a cabo con un cierto éxito momentáneo en el primer mundo, y a las medidas de higiene, distancia y protección de nariz y boca como sujetos contaminantes. Con la soberbia que nos caracteriza a los pueblos que vivimos en el primer mundo, creímos que ya éramos poseedores de un certificado de salud, obviando que la mayoría de territorios de la Tierra no han tenido acceso a las vacunas, no han podido establecer distancias porque viven hacinados, no pueden adoptar medidas higiénicas porque carecen de un bien como el agua corriente y no han podido tele trabajar, porque eso allí, en sus países no existe. Aun así, nosotros que sí hemos podido, que aún podemos y que somos unos afortunados por vivir en países que nos facilitan de forma ordenada y gratuita las vacunas, nos vemos ahora comprometidos con una variante del virus que amenaza con infectarnos a todos, eso sí, de forma desigual como siempre. La investigación sigue trabajando para hallar remedios, la medicina sigue trabajando para aliviar nuestras dolencias, la política sigue trabajando para combatir este mal, gestionando los recursos de los países buscando la salud para todos, sin conseguirlo. Así lo creo. Entre tanto las gentes de mala fe y de peor hacer, que se encuentran en cada uno de los estamentos citados y a los no citados, se dedican a sacar rédito político y económico de esta desgraciada situación. “A río revuelto ganancia de pescadores”, una gran verdad. Las empresas farmacéuticas y las que fabrican artículos que son de necesidad acuciante por salud personal y pública, suben los precios de los productos de manera abusiva, mercadean con los test , ayudan a colapsar a los centros de salud y favorecen una vez más el mercado negro. Las mascarillas, los geles desinfectantes, los guantes, los epis... todo nos sorprendió de golpe y desarmados en aquel marzo de 2020.

Veintiún meses después es absolutamente inadmisible que estemos desabastecidos de algo tan primordial como son los test de antígenos; es vergonzoso que se permita la subida de precios de un día para otro de estos productos y desde luego es denunciable que los centros de salud no tengan este material ni el personal necesario, para cumplir con la obligación de hacer pruebas a los ciudadanos que tengan síntomas de enfermedad. Una vez más la desigualdad se impone sobre el derecho de salud. Una vez más parece que hemos olvidado que lo global se trata globalmente, o no sirve. A la vista de este mercadeo, ómicron se va a encargar de la vacunación global desplegando su capacidad para infectar a los habitantes de cualquier lugar de la Tierra. Eso sí, los vacunados seguiremos estando en mejor posición con respecto a esta tediosa y terrible pandemia que, según dicen los expertos acabará en endemia. Por un saludable 2022.





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