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La ONU y sus desafíos

La Asamblea General de la ONU que comienza esta semana llega cuando el multilateralismo atraviesa una de sus horas más difíciles. Las guerras, la rivalidad entre potencias y la pérdida de confianza en las instituciones internacionales han debilitado su capacidad para afrontar juntos problemas que ningún país puede resolver por sí solo. Precisamente por eso la ONU resulta hoy más necesaria que nunca como espacio de diálogo e instrumento para evitar que la ley del más fuerte sustituya al derecho internacional.

En este contexto, la elección del próximo secretario general, que debe tomar posesión el próximo enero, se plantea ahora como uno de los grandes retos, para que quienes seguimos creyendo en las bondades del derecho internacional y las reglas del juego democrático, tengamos esperanzas en salir en esta reciente locura de retrocesos políticos. Quien suceda a António Guterres deberá defender la autoridad y la independencia de Naciones Unidas, recuperar la confianza de sus miembros y demostrar que el multilateralismo puede producir acuerdos cuando el consenso parece cada vez más difícil.

Rebeca Grynspan encabeza el sondeo informal del Consejo de Seguridad, aunque el proceso sigue abierto. Si fuera elegida, sería la primera mujer al frente de la Secretaría General en más de 80 años. Su experiencia política, económica y multilateral podría contribuir a reforzar una institución que necesita escuchar mejor a sus miembros, ampliar la representación, salvar la financiación, configurar una nueva arquitectura y reconstruir en definitiva la institución. Elegir a la primera secretaria general no sería solo romper un techo de cristal, sería demostrar que una institución universal también puede transformarse para seguir siendo creíble y legítima. Grynspan es ahora la secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y una dirigente con una larga trayectoria política, económica y multilateral. En España la conocemos bien, pues fue secretaria general iberoamericana. La elección de una primera secretaria general podría convertirse en uno de esos símbolos de transformación, aunque ya sabemos que el cambio no estaría garantizado solo por el género de quien ocupe el cargo. El momento requiere además que demuestre valor, firmeza y capacidad para defender las normas internacionales, trabajando con Estados que mantienen intereses, alianzas y visiones del mundo muy diferentes.

La crisis del multilateralismo no se resolverá con una elección. Tampoco desaparecerán las guerras ni las rivalidades entre las grandes potencias por la llegada de una nueva persona a la Secretaría General. Pero la elección puede ser una oportunidad para recordar qué necesitamos una institución universal fuerte que nos gobierne. Y todo ello puede venir de la mano de una mujer por primera vez, ya que como en tantas otras crisis, las mujeres hemos demostrado en la historia nuestra capacidad para convertir las crisis en oportunidad.

Mientras tanto, veremos qué dan de sí los debates de esta semana en Nueva York. Nos conformaríamos con resoluciones que permitan más allá de las palabras, compromisos sinceros para acabar con la guerra en oriente próximo y Ucrania y el genocidio de Palestina. Son conflictos insoportables que deberían consolidar la vuelta al respeto del derecho internacional.