El ser humano busca ir más allá en esa incógnita que es la muerte y hemos procurado darle una explicación válida. La explicación que demos a la muerte, fundamentalmente por medio de la religión, es la que nos hace temerla en mayor o menor medida. La muerte, se hallaba domesticada, se moría en compañía familiar, se moría con la tribu del vecindario, cualquier servicio se llevaba al pueblo entero al cementerio como un gran acontecimiento municipal más. Perder esta comunitaria manera de morir y enfrentarse a la muerte en solitario constituyó un trance durísimo. En la cultura occidental, donde se fomenta el apego por lo material, cuando un ser querido fallece, se celebra un funeral en el que se le honra. Este apego por lo material nos empuja a intentar conservar o retener, sobre todos los medios nuestros bienes físicos, nos impide soltar o dejar ir aquellas cosas por las que hemos desarrollado afecto, sean situaciones, objetos o personas. Dejar atrás la cultura del apego y el tabú que se ha generado en torno al tema de la muerte, puede ayudarnos a encontrar un punto intermedio en el cual nos permitamos expresar
nuestro dolor y aceptar la pérdida como un proceso inevitable.