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La inflación para niños

Días pasados me comentaba uno de mis nietos, estudiante de la ESO, que su profesor le había explicado en clase la inflación y que no lo conseguía entender completamente, pidiéndome que le aclarara los interrogantes que le surgían tras aquella lección. Les decía el docente que existe inflación cuando aumenta el nivel general de los precios de los bienes y servicios en un determinado país. Correcto, aunque quizá le faltó completar la explicación diciéndole a los alumnos que a lo largo de un periodo de tiempo —un mes o un año— hay bienes que ven subir sus precios —la mayoría—, pero que existen otros que se abaratan, por lo que la inflación resulta de obtener la media de unos y otros, de forma que cuando, en su conjunto, los precios suben, el país sufre inflación, aunque también puede bajar el nivel general de sus precios, en cuyo caso estaríamos en un proceso de deflación. Vale “yayo”, dime como se puede medir la inflación, que de eso sí que no me enteré. Existe un indicador, le contesté, que sirve a estos efectos, el Índice de Precios al Consumo (IPC), que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), mediante el cual se mide la variación del precio de los bienes y servicios que adquieren las familias con destino al propio hogar. El IPC mide la evolución de doce grupos distintos: alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, vestido y calzado, vivienda, menaje, sanidad, transporte, comunicaciones, ocio y cultura, enseñanza, hoteles y restaurantes, y otros bienes y servicios. La información la elabora el INE a través de una muestra con representación geográfica, poblacional y de la cesta de la compra, obtenida en todas las capitales de provincia y en 125 municipios no capitales. De esta forma se puede conocer mensualmente la evolución del nivel general de precios en Jaén, en Andalucía o en España. El siguiente interrogante que me planteó fue sobre el concepto de inflación subyacente. Eso tampoco lo entiendo, me dijo. Le aclaré que la misma se obtiene eliminando del índice general (IPC) los grupos de bienes que tienen precios más volátiles —los que fluctúan más de un mes a otro—, tales como la energía y los alimentos no elaborados. Estos últimos pueden provocar una inflación meramente coyuntural o pasajera, mientras que si los eliminamos veremos si las subidas de precios tienen rasgos más estructurales o duraderos y, consecuentemente, más preocupantes.

¿Qué provoca que los precios suban? ¿Qué factores influyen en la inflación? La respuesta no es sencilla, pero intenté sintetizársela a Jorgito. Mira, los precios pueden subir porque haya una gran demanda de bienes en un periodo de tiempo. Si hay mucha gente que quiere comprar aceite, patatas, entradas para un concierto o patinetes eléctricos, el precio de los mismos sube, sobre todo si se quieren comprar cantidades superiores a las existentes. Esta es la “inflación de demanda”. Ahora bien, cuando sube el precio de algunos factores, como la energía —petróleo, gas y electricidad—, las materias primas o los salarios, estaremos ante una “inflación de costes”, siendo esta última más preocupante y difícil de combatir.

El siguiente interrogante fue: ¿Quién gana con la inflación? Mi respuesta fue que, como en todos los aspectos de la vida y de la economía, la inflación tiene ganadores, tal y como son los especuladores y los deudores, estos últimos porque pagarán sus deudas con una moneda devaluada. Los perdedores, como siempre, serán las familias más vulnerables, los ahorradores y los acreedores, puesto que éstos reintegrarán su dinero con un valor inferior. Tras trasladarle que la elevada inflación actual viene provocada por la incertidumbre generada por los distintos conflictos bélicos en marcha y el encarecimiento de la energía, le concluí con una frase de Keynes: “Mediante un proceso continuo de inflación se confisca, de forma secreta o desapercibida, una parte importante de la renta de los ciudadanos”. Interrogado sobre si tras mi explicación se había aclarado, me dijo que su conclusión era que “la inflación es un monstruo a batir”. Brillante deducción del chaval.