Con los años ganamos en perspectiva, por lo que te engañan menos. Esto va de que la justicia debe ser un pilar democrático sólido sin caer en el protagonismo político ni en injerencias que dañen su credibilidad y para eso su papel no es crear políticas ni gobernar a través de sentencias, sino aplicar la Constitución y las leyes de forma previsible y técnica. El activismo judicial debilita la democracia al usurpar funciones del poder legislativo. Esto es estricta sujeción al imperio de la ley. Los jueces deben hablar exclusivamente a través de sus autos y sentencias. La sobreexposición mediática y la politización de los órganos de gobierno judicial destruyen la percepción de imparcialidad. Sin duda es necesaria su independencia. Y, como consecuencia, debe actuar como un árbitro neutral que garantice los derechos fundamentales y frene los excesos de otros poderes, pero autolimitándose para no interferir en el legítimo debate político; debe ser un contrapeso, pero no bajar a la trinchera. La legitimidad de la justicia emana de su neutralidad e integridad.