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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

La gran cloaca

Desde que Felipe II nombrara a Madrid como nueva capital del reino, la que por aquel antaño solo era una humilde villa castellana de apenas quince mil habitantes, se ha convertido con el paso de los siglos en la gran urbe que conocemos hoy. Reconocida mundialmente por su indiscutible atractivo turístico, su potencial económico y por ser la sede de absolutamente todos los poderes del estado, con lo que eso económicamente también conlleva. Porque de la nada vienen pocos milagros, y en Madrid por encima de todas las cosas siempre ha habido mucho poderío. Por sus calles, y en manos de unos pocos, han corrido los billetes hasta en tiempos del hambre, y hoy tiene inscritos en su padrón a más millonarios juntos que en el resto de España. Madrid ostenta a sí mismo el récord en desigualdad social y el de más altos funcionarios que aún se resisten a olvidar las prácticas estraperlistas del franquismo. Vengativos y alérgicos a la democracia, el presidente Adolfo Suárez, días antes de abandonar la política lo llamaba “la gran cloaca madrileña”. Las mismas malas artes de aguas sucias que echaron a Casado del partido popular y llaman “hijo de tal”
al presidente de su país.