La fragilidad de un planeta

22 abr 2026 / 08:31 H.
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El planeta Tierra se ha convertido en un cuerpo celeste frágil. Advierto un medio ambiente desgastado por la enormidad de basura que las guerras están arrojando a la atmósfera, y qué enorme error cometemos con el consumo indiscriminado de combustibles fósiles. Percibo una humanidad sobresaltada porque ha aprendido a fabricar armas destructivas que están en manos de un narcisismo exacerbado que nos saca de quicio porque está acompañado de perturbaciones de la razón motivadas por el despliegue de insensateces sin sentido que en algunos casos bordea el delirio tremens al que no deberíamos hacer caso por la falta de madurez emocional y moral de su elenco de comediantes. Intuyo un sufrimiento colectivo que utiliza la ley del más fuerte, esa que intenta someter psicológicamente a una población que mantiene aún una confianza férrea en sí misma y que va más allá de la proyectada y sumisa adhesión ideológica.

El vínculo tóxico entre el narcisista y la población se asemeja a una relación destructiva porque al principio, el líder finge empatía y parece tener en cuenta a los ciudadanos a los que promete restaurar su dignidad, pero no tarda en borrar ese vínculo y termina por aislarlos por el capricho presuntuoso de un líder que no repara en el daño que causa con el régimen que esgrime para gobernar, el mismo lo vuelve paranoico y distorsiona la percepción de la realidad, exaltando los ánimos de cualquiera. No fanaticemos sus absurdas teorías y contrapongamos nuestra valentía a sus ansias de poder y dominación, juntos haremos que la fragilidad de este planeta no vaya a más y no merme los espacios en los que podamos coexistir. Confiemos en el poder de la reacción y removamos con astucia los obstáculos hasta convertirlos en emociones positivas y herramientas necesarias para combatir a quienes no tienen la capacidad de discurrir ideas y conceptos de forma razonable. Que el acatamiento impuesto por líderes autoritarios, no se vea sino como el reflejo de su incapacidad para atender a razones. El poder democrático anida en la capacidad de actuar juntos en espacios donde la resiliencia sea de verdad la antítesis de la adversidad. La emergencia medioambiental va a enfrentarnos a unos límites hasta ahora desconocidos y que han sido traspasados por un impulso negacionista que no contempla las infaustas consecuencias de cruzar esos límites. La crisis ecológica y la crisis democrática comparten una raíz común que no es otra que dejarse llevar por una corriente negativa que solo se proyecta sobre sus enemigos. Hay políticas que salvaguardan la democracia y restauran los lazos sociales e institucionales y ayudan a promover criterios que cultivan la convivencia en paz como forma de vida. Combatir el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad equivale a pensar que nuestro bienestar está en una encrucijada histórica, movida por una omnipotencia agresiva que dejan al descubierto las garantías legales internacionales. Cuento con el pensamiento crítico y con hacer algo que frene las acometidas insensatas que no razonan y solo hablan de verdad cuando nunca tiene razón, aceptemos que estamos en el lado correcto de la historia y que la nuestra es la lucha que seguiremos teniendo para librarnos de la opresión y la invisibilización de nuestros esfuerzos. Deseo vivir en una sociedad de valores que aleje, de una vez por todas, las formas represivas de gobernar.

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