Frágiles y pequeños somos ante la sorprendente belleza que nos regala el planeta Tierra cuando su satélite, la Luna, parece querer abrazar nuestra estrella, el Sol, por unos minutos, cuando deseamos atrapar el tiempo contemplando la más hermosa puesta de sol o cuando el mar nos viste con el mejor de sus azules. Frágiles y vulnerables también somos cuando la Tierra tiembla agrietando, por unos eternos instantes, la existencia humana, recordándonos lo débiles que somos abandonando nuestros hogares con una pequeña maleta o escuchando el llanto de un bebé en un hospital mientras el suelo amenaza con su rugido. Frágiles e impotentes cuando la Tierra arde devorando pasado y pertenencias, las de toda una vida, sin piedad alguna, o cuando una cruel tempestad las arrastra con la fuerza descontrolada del agua. Frágiles y temerosos en una fría sala a la espera de un diagnóstico médico. Frágiles e indignados ante conflictos bélicos que no cesan y ante avalanchas masivas de personas huyendo de un destino, ¿qué está pasando? Indignados ante tanta palabrería política. Como dice la canción, una y otra vez la lluvia dirá cuán frágiles somos.