La alimentación es la necesidad primordial del ser humano. El mantener con vida nuestro planeta, la siguiente. Thomas Malthus predijo con su ley de rendimientos decrecientes el fin del sistema capitalista: fija la cantidad de tierra cultivable, al aumentar la población, el alimento sería escaso, llevaría al trabajador a la pobreza y generaría guerras. Entonces, erró; no contó con el uso de máquinas y fertilizantes. Ahora, el hambre acosa a la humanidad. Asombra el coste del acelerador de partículas (LHC): 5.600 millones de dólares. Antes de construir otro, la ciencia debería centrar su investigación en la realización industrial de la fotosíntesis. En fabricar un alimento sintético o maná, para alimentar a la humanidad y, de paso, al consumir dióxido de carbono, paliar el efecto invernadero. Copiar a las plantas que con agua y sales minerales absorbidas por la raíz, energía solar captada por la clorofila de las hojas y la toma del dióxido de carbono atmosférico, producen glucosa y oxígeno, eliminaría el hambre del mundo... ¿No creen que sería algo maravilloso?