La fauna en

22 ene 2017 / 11:23 H.

El frío era tanto que nevó como nunca. Y todo empezó a congelarse, incluso la nueva política. La lengua del glaciar sepultó el futuro a tanta profundidad que ni los politólogos pudieron trazar las coordenadas de su fosa. La demoscopia fracasó con estrépito intentando la hazaña. Tertulias y tertulianos se helaron de frío; a la FAES de Aznar se le congelaron las ideas y el mismo mal dejó hibernados a los intelectuales orgánicos socialdemócratas. El legado del 15-M quedó reducido a estatuas de hielo, cuando un grupo animoso de activistas intentó montar otra acampada en la Puerta del Sol. Alguien ha descrito la escena como asombrosamente parecida al grupo escultórico de Rodin Los burgueses de Calais, ese conjunto de notables que quería entregarse al invasor inglés para salvar a sus conciudadanos de la muerte en el asedio a la ciudad. Por cierto, el Brexit también se quedó tieso como la mojama. La nieve cubrió las que fueron fronteras permeables de la Unión y no quedó rastro de los refugiados en ellas. Un alivio para el eje franco-alemán.

En el primer día de la glaciación, Jaén amaneció con sesenta y seis millones de olivos congelados y con dos temporeros muertos tras un incendio que prendió en la cochera donde dormían. Tampoco tienen futuro. Ni siquiera un Estado moderno tiene planes de repatriación humanitaria, en cumplimiento de los derechos humanos que nos corresponden. Acondicionada o no, habitaban una cochera, no una casa. Se les va a enterrar en su tierra, África, gracias a donaciones populares. El pueblo es capaz de todo: da el poder a los que no son capaces de llevar los muertos a sus familias y, sin embargo, se ocupa él mismo sin pedir cuentas. En los años noventa, antes de la glaciación, se les encomendó a los sindicatos una especial vigilancia para evitar que cuadras, cobertizos o cocheras no acabaran siendo cobijo de temporeros. Hubo denuncias públicas y se conocieron nombres sonoros en una lista de la vergüenza. Aquello pasó, como los días cálidos en los que el futuro se perfilaba en el horizonte, visible, cuando soplaron los vientos del cambio político.

Circulaba por la A-316 antes de la nevada del jueves. Escuchaba en la radio testimonios de madres que pasan frío y hacen lo indecible por que sus hijos pequeños se mantengan calientes. También el frío ha cuarteado los planes sociales. No hemos sido capaces de definir si para estos conciudadanos, y para todos los que sufren carencias materiales severas, será una vida de renta básica, de bono o de tarifas sociales para luz, agua y gas. Cuando comenzó a nevar, la Fiscalía del Estado ya había decidido investigar el desatino de los precios de la electricidad. Y poco después, curiosamente, mi compañía me envía un mensaje por wasap, llamándome por mi nombre, para asegurarme que la subida espectacular en el precio de la luz no va a afectar a mi tarifa contratada con ellos. Vaya suerte que tengo. Esas madres no. Sentidos y sensibilidad están bajo cero. Impiden tomar conciencia de que cinco millones de españoles no pueden hacer frente al pago de las facturas de eso que que suena tan bien: el paquete vital.

Pese a lo que diga Agamenón, su porquero y el primo del presidente del gobierno de España, hay cambio climático. Antes de la ola de frío (para unos polar, para otros siberiano), los telediarios se afanaban en emitir reportajes sobre el deshielo de los casquetes polares. Una catástrofe. La vida es una contradicción en sí misma. La tierra suda con cuarenta de fiebre mientras la superestructura que la habita, los sapiens y sus instituciones, palidecen, tiritan y pierden el conocimiento. El páramo continental de la Unión, sin liderazgos de progreso en las últimas dos décadas, permite que saquen pecho los herederos de los fascismos de mediados del siglo pasado. Inglaterra, que como isleña fue siempre invasora y corsaria, ha golpeado a la Europa comunitaria donde le duele (la entrepierna) e incluso espera beneficios de la jugada. El sueño de la Unión, la Europa social, sin fronteras, culta y próspera, se diluye como un terrón de azúcar en un café con posos turbios. Y mira al otro lado del Atlántico cómo baila con paso torpe Donald Trump (descendiente de emigrantes alemanes), el nuevo mandatario del primer país tras inaugurar su mandato en Estados Unidos arrojando al cubo de la basura la reforma sanitaria de Barak Obama.

Los climatólogos tampoco tuvieron mejor suerte que politólogos y demoscópicas. Anunciaron la llega de la primavera árabe. Hubo sangre en las algaradas, pero en realidad lo que se estaba gestando era una tormenta de grandes proporciones en torno al terrorismo yihadista. La barbarie cabalga a lomos del glaciar y se atrinchera en sus morrenas. Siria es una escombrera de dolor y desolación; los emiratos del golfo una anomalía, un postizo de silicona; a la India no le ha llegado su momento, detiene su mirada al paso de su vaca sagrada; a África le pesan las cadenas del expolio más salvaje jamás visto y la China comunista aplicó con pragmatismo aquello de si no puedes con tu enemigo, únete a él. De la Rusia de Dostoiewski, Tolstoy, Bakunin, Tchaikovski, Einsenstein, el ballet de la Ópera de Moscú o Gorbachov no queda nada, que se sepa. Los envenenaron con polonio. En el Vaticano, el papa Francisco necesitará tres reencarnaciones hasta que su Iglesia vuelva a lavar los pies a la Magdalena y expulse del templo a los mercaderes. No bastará con su papado.

Así que circulaba por la A-316, confortablemente, escuchando en la radio historias del frío y de los que lo padecen, cuando uno de los pocos sabios que nos quedan y que siempre está dispuesto a contar historias habló del futuro. Dice Iñaki Gabilondo que no hemos pensado el futuro, ni siquiera para el próximo cuarto de siglo. No lo dice gratuitamente. Se explica después de conversar con hombres y mujeres del conocimiento por todo el mundo. ¿Cómo será el futuro? ¿Qué sabe nadie?, sería la respuesta. Lo cierto es que la coincidencia entre los sabios que se han salvado de la glaciación es que nuestras vidas en ese futuro estarán determinadas, para mejor, por la tecnología y la medicina, cuyos avances nos harán vivir más y con menos dolor. Ni pensarlo, ni planificarlo. En el pecado llevamos la penitencia.

Otra reflexión del maestro: estamos preparando a los jóvenes, nos estamos preparando, para lo que está ocurriendo, no para lo que va a ocurrir. El tiempo perdido se acaba pagando. Y los recortes, por ejemplo, en investigación tecnológica y, especialmente, biomédica son un error de gran calibre que igual no podemos recuperar. ¿Cómo queremos los servicios sociales y la dependencia para el futuro? ¿Cómo queremos el trabajo y la estructura empresarial del país? ¿Cómo queremos la sanidad y la educación del futuro? ¿Cómo vamos a construir todo eso? No hay respuestas, no hay avances, el cortoplacismo y las estrategias de beneficio rápido, sobre todo en la política, se han impuesto. Y con ellos desaparecieron los liderazgos que ilusionan. No es una frase baladí. Ilusionaron porque fueron capaces de crear mayorías amplias y suficientes en la sociedad para inducir cambios.

Congregar a la mayoría en torno a unas ideas y proyectos. Siempre ha sido así cuando se han producido los cambios históricos. Parece que aquellos líderes se extinguieron, cuando no evolucionaron, con la fauna en las glaciaciones, como les ocurrió a lo mamuts, leones con dientes de sable, renos o rinocerontes peludos. Aquellos grupos de recolectores y cazadores guardan hoy cola en las oficinas del INE. Y los ancianos de los clanes, la fuente del conocimiento y la experiencia para vivir y progresar, subsiste hoy en residencias, viven solos, o estiran su escuálida pensión para que alcance a mantener también al hijo en paro y su familia. Un milagro de la red de solidaridad familiar, quizá la única explicación posible que podemos aplicarle al hecho de que este país y medio continente, sobre todo el cinturón sur, no ardieron en los años duros de la crisis.

A lo que íbamos. ¿Como será esta provincia dentro de un cuarto de siglo? ¿Cómo serán sus pueblos y ciudades? ¿Hacia dónde evolucionará el bosque de olivos? ¿Y el aceite de oliva? ¿Alguien ha pensado o planificado cuál sería la estructura cooperativa y comercial necesaria para tener la posición dominante en el mercado mundial? ¿Y cómo hacerlo? ¿Como serán las diputaciones, la misma Junta, incluso el Estado? Puede que muchos lo hayan pensado, escrito, formulado. Incluso los partidos y sus programas en ese papel que lo aguanta todo. Pero no está en la prioridad del debate político y social darle a la luz larga. ¿Acaso hay un diseño para Jaén, la capital, pensando en el futuro? ¿Jaén con o sin tranvía? ¿Jaén con cercanías y tranvías? ¿Jaén con su catedral Patrimonio de la Humanidad? ¿Jaén con más Universidad? ¿Jaén de eventos o Jaén poligonera? Hay gente que se mueve, que emprende actividad empresarial, que investiga e innova, que arriesga; hay mucha gente, pero no está en el primer plano de referencia y lo que hacen no constituye la sustancia de esa debate político, y menos con traslación legislativa a su favor

Cómo estará el panorama que lo que debería ser algo habitual, normal, por absolutamente necesario, se celebra como una acontecimiento casi excepcional. Se ha reunido la conferencia de presidentes autonómicos con el presidente del gobierno de España. Y no lo hacía desde hace siglos, desde antes de la glaciación. No sería acaso un foro para impulsar ese futuro comunitario, autonómico, quizá federalista, incluso republicano. Anatema!, gritarán muchos. Sin miedo se llega más lejos. La Transición lo demostró sobradamente, y la lucha contra la dictadura.

¿Por qué no está ya diseñado ese futuro en l que respecta a la financiación autonómica? Asunto grave, que debería haberse resuelto hace varias legislaturas. Un sistema del que depende el futuro de esta provincia, sí, de Jaén, en cuanto depende también buena parte del de Andalucía. Jaén por si sola no puede. Como no puede Andalucía o Extemadura, o cualquier otra comunidad. El modelo de financiación requerirá ese sentido de Estado que invocan tanto y a los que pocos suelen llegar. Un modelo necesariamente solidario para que las comunidades más pobres puedan converger con las más desarrolladas. Y hay otro reto abierto, incluso con heridas que sangran, agravios que se enquistan y teatro, mucho teatro.

La ausencia de Cataluña y Euskadi, de sus presidentes, en la conferencia, aparte de la escasa talla política del gesto, denota a los que quieren ser Estado y no parte de un nuevo modelo de Estado que necesitan con urgencia que se les pongan las cartas sobre la mesa. La apertura de una ponencia Constitucional para abordar su reforma y, dentro de ella, la de la organización del Estado. Antes de la gran nevada dicen que el frío era gélido en la reunión de vicepresidentes, entre Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras. Acabará congelándose el puente aéreo.

Los hombres y mujeres del tiempo hablan de que el temporal remite. Suelen ser más fiables que los augures de la política, incluso que la tropa periodística que teje y desteje crónicas con una ortodoxia encomiable. Dos y dos son cuatro, aunque la política no es ni ciencia ni exacta. Pero es lo mejor que tenemos a mano. Al fin y al cabo la política, como la química, está en todo. Confiemos en un cambio de ciclo. Tengamos un cierto optimismo con ese futuro que no sabemos aún dibujar. Despejemos ciertas dudas. Aquellos liderazgo incondicionales, arrolladores, quizá no vuelvan. Aquel clima cálido tardará en aparecer de nuevo. Nadie se atreve ahora a predecir el deshielo. Desde ayer, en las redes se especula si Donald Trump puede provocar otra guerra mundial... Mientras, medio millón de compatriotas que no le han votado le tomas las calles.

Acelero un poco. Será mejor si llego antes al trabajo, no sea que la nevada me sorprenda en carretera. Desconecto la radio. Miro el cuadro de mando y veo que la señal de frío sigue dibujando un copo de nieve ne la pantalla. Marca -1 grado. Los olivos parecen no inmutarse a ambos lados de la carretera. No hay un alma en ese tramo de la Vía Verde. El claro de tierra calma que se abre a la izquierda entre los olivos, antes de llegar a las primeras naves del político industrial, tiene un color más pálido de lo habitual. La helada ha sido tremenda. Así circulaba este jueves por la circunvalación de la capital y no pude dejar de pensar que nadie nos iba a librar de la congelación. Luego me dije que iba calentito en el coche... Y que aquellas mujeres que no tienen más que mantas para librar a sus hijos del frío sí que tienen motivos fundados.