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La escuela suspende

El PISA ha llegado puntual a su cita con el desastre, para decirnos que nuestros adolescentes leen peor, calculan peor y obtienen peores resultados que antes. En Andalucía seguimos por debajo de la media española. Ya tenemos la fotografía fija y el funeral estadístico. Pero quizá, la pregunta no sea solo por qué los alumnos puntúan peor, sino para qué educamos. PISA habla de jóvenes preparados para el futuro, capaces de responder a demandas sociales y económicas. Hemos terminado imaginando la escuela como antesala del mercado, de ahí las competencias, el rendimiento, la adaptación y la empleabilidad. Pero mientras medimos lo que los estudiantes saben hacer, dejamos de preguntar qué saben pensar, qué mundo comprenden o qué capacidad tienen para discutirlo. La escuela tradicional ha perdido autoridad, sin embargo, no hemos encontrado algo mejor para sustituirla. Cambiamos el viejo “estudia para ser alguien” por el moderno “aprende a adaptarte”. No sé cuál es más ingenuo, aunque sí sabemos cuál resulta más rentable. Hemos convertido la escuela en una enorme academia de preparación para un examen que no tiene nada que ver con la realidad, para que luego descubramos que el alumnado está desmotivado; pero no se preocupen esto lo solucionamos convocando otra comisión de expertos en el Ministerio de Educación.