La emoción que mueve

20 jul 2021 / 16:14 H.
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Lo malo de no entender que no se puede pelear solo contra una pandemia es que te crees con el derecho de ir por ahí exhibiendo tus ganas de divertirte y de justificarte diciendo que no te importa morirte. Buscas diversión sin medidas de protección y sin pensar que puedes ser el foco que contagie a familiares y allegados.

A pesar de contar con un pasado corto, cuentas con el carácter de esta época, que te permite entender lo que quieres. Cuentas con que tu vida está en tus manos y en extraña conexión con una pandemia que te provoca una sensación de irrealidad. Pero sabes que, si lo deseas, puedes dejarla fuera de ti, poniendo los medios para controlarla. Te lo digo porque conoces la existencia de pueblos diferentes que solucionan el mismo problema con una vacuna idéntica. Piensas que la vida es breve y que hay que pasarlo bien compartiendo buenos ratos con los amigos, pero se te escapa que hay que colaborar para que podamos cuidarnos juntos. De qué te vale perder el tiempo dirimiendo los golpes emocionales que te provocan una serie de creencias que lo que consiguen es matar tu iniciativa, esa que pone en cuarentena la innovación científica de una cultura emprendedora que estima que solo una solución práctica resulta real. Ocurre a menudo, que, según las emociones que percibes, te expresas con un sentimiento lógico de tristeza, tras digerir una noticia desconcertante que ya no podrás ignorar, pues existe de verdad. No te olvides de reaccionar, después de que escuches lo que se comunica a todos para tu bien y el nuestro. Creo que será entonces, y solo entonces, cuando verás lo que quieres ver, sin ni siquiera mirar. La emoción que mueve, nace en esta ocasión y por desgracia, del impacto de algo que choca contra tu sentido de la lógica, pero eso te dota de un bagaje emocional que no será sino la rémora de una huella imborrable de la que no podrás deshacerte, como no podrá deshacerse de ella quien llega al otoño de la vida y con solo pronunciar la edad, los nervios tensan la salud y la inestabilidad aparece por el conducto de los traumas que dejan una impresión inextinguible en el inconsciente. Echemos fuera aquello que resulte irracional, hagamos las cosas bien, o las experiencias negativas, llenarán nuestra cabeza de sensaciones marcadas por síndromes postraumáticos.

A cierta edad, se funde en uno el olor y el color de las estaciones y es preciso no perder el control de las cosas, no dejemos que nadie nos lo arrebate, es su dominio el que nos ubica en el lugar exacto, desde el que podremos controlar lo incontrolado de las emociones que nos desconciertan. Ya tendríamos que saber que hay que aceptar el lugar que ocupamos con un proceder que cumpla con las expectativas deseadas, si lo que deseamos es coger ese último tren que nos lleve hasta un futuro que no se convierta en pesadilla. La emoción que mueve, nos crea la obligación ética de solucionar el problema de la pandemia, vacunando a todo el mundo. No se puede imponer, pero tampoco prohibir la vacuna a quienes la necesitan. Después de todo, profundizar en el conocimiento científico, suele coincidir con la inmunidad de rebaño. Esta pandemia pasará y llegarán mejores tiempos con los planes de vacunación masivos y la recuperación económica, no dejemos que las cosas deriven en más perjuicios de los que ya hemos sufrido.



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