Powered by
CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

La conversión

Diríase que el presidente Sánchez ha visto la luz que vio San Pablo en su conversión, pero nada más lejos de la realidad. Su repentina amistad con la Iglesia Católica viene dada más por la vieja estrategia de pegarse a lo carismático con la intención de ganar carisma o de dejar de perderlo, como parece ser el caso. Cuenta la leyenda que un rey francés, Enrique IV, protestante para más señas, allá por los finales del siglo XVI se vio obligado a asistir a la coronación de la catedral de Reims con el objetivo puramente político de que el Papa, presente en la misa de coronación, le retirara la excomunión y con ello poder entrar a París como Rey de Francia avalado por el Primus Pontíficex (Papa). Fue una estrategia que Nicolás de Maquiavelo definiría como “razón de Estado”. Es decir, justificar determinadas conductas que, a priori, son contrarias a los principios públicos del gobernante en razones convenientes para mantenerse en el poder. Esto es lo que Sánchez ha intentado con su repentina adoración, junto a sus discípulos, hacia el catolicismo, dejando al margen su declarado ateísmo militante que le impedía asistir a los funerales de sus servidores públicos o de súbditos que fueron víctimas de accidentes no deseados por nadie. La frase que corona esta leyenda fue: “París bien vale una misa” y la que viene a nuestro caso es: “Madrid bien vale una misa, aunque sea en Barcelona.