En el transcurso de los años 1950/1951, Álvaro de Laiglesia, con su capacidad creativa, crea unas secciones que tuvieron éxito. “El Pepe de barro”, a la peor película. Y “La cárcel de papel”, que tuvo sin duda un gran éxito. Se trataba de una sección que aparecía en las páginas centrales donde se criticaba los errores gramaticales, las fechas y el contenido de artículos. Los lectores estaban deseando deleitarse con el mal ajeno, colaborando en ocasiones enviando a la redacción recortes encontrados con errores. Los dos primeros que aparecieron fueron en los números 522/523, 11/18 noviembre 1951, cuyo autor era José Altabella —1921-1995—. Sentencia contra Emil Ludwig, biógrafo alemán de Napoleón, y William Somerset Maugham en su novela Catalina, ambientada en España. A partir de ahora se hace cargo de esta sección Evaristo Acevedo Guerra (1915-1977), que llegó publicar el libro “El despiste nacional”, donde se reproduce “La cárcel de papel”. Su primer artículo lo dedica a don Fernando Álvarez de Sotomayor, director del Museo del Prado, que expone en una carta la diferencia que hay entre los artistas que respetan los cánones: “Los buenos”. Y los que van por libre: “Los malos”.