La buena gente
Es verdad que de todo hay en la viña del Señor. Buenos, malos, mediocres conforman el personal, con el que tenemos que empanizar o aborrecer. No hay más cera que la que arde. O lo coges o lo dejas, pues otra solución es difícil de encontrar. Menos mal. Todavía hay personas que te dicen buenos días, vaya usted con Dios, me alegro de verte, pase usted primero, ya sabe, si necesita ayuda, avíseme para echarle una mano. De la gente mala, como de los políticos mediocres, hay que huir como demonio al que le han mencionado Dios. Este dicho popular me viene como anillo ajustado al dedo, pues está relacionado con el enunciado que abre como título esta columna de la mirilla. No es igual tener una familia en La Mancha, que una mancha en la familia. Ya los clásicos griegos dejaron escrito el drama del hombre y la mujer. Medea, de Eurípides, es la denuncia acerca de lo que puede hacer la condición humana. Reciente está ese hombre tinerfeño que ha asesinado a sus dos hijas, dos niñas que empezaban a vivir, era que un loco que las ha echado al mar para que sean pasto de los peces. Esa persona me ha dicho hasta luego, lo que quiere decir, que la buena gente vive entre nosotros.