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jueves, 22 agosto 2019
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Ana Pérez de Tudela

Jovellanos

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Como recuerda Manuel de Puelles es bien conocida la afirmación de Jovellanos: “La primera fuente de prosperidad es la instrucción”. Este pensamiento se repite en todas sus obras dedicadas a la educación y en concreto en la Memoria sobre Educación Pública de 1802 y en las Bases para la formación de un Plan General de Instrucción Pública, de 1809. Obras que pertenecen a los primeros años del siglo XIX, fruto de su contexto histórico y herederas del pensamiento ilustrado. Es fundamental la aportación de Jovellanos para la formación, lenta pero necesaria, de un sistema educativo o de instrucción, denominación utilizada en la época, a lo largo del siglo XIX español. Literato y pensador, entregado y comprometido con la necesidad de mejorar el país, de superar el analfabetismo generalizado, de incorporar enseñanzas con utilidad práctica para toda la sociedad, del estudio de lenguas extranjeras, contribuyó a extender un pensamiento reformista que, sin embargo, tardó muchos años en consumarse. Dos siglos después, hemos superado muchas de aquellas lacras, en algunas regiones con más esfuerzo que en otras y, todavía en más de un aspecto, se observa que sus palabras tienen aún vigencia.