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Jaén y la mano negra

En Jaén se puede predecir el futuro, pero nadie puede asegurarlo porque siempre han faltado los recursos económicos y la voluntad humana procedente de la otra parte política que no propuso el proyecto de turno. Con los recursos que Jaén dispone per se, es imposible trazar una divisoria entre lo que esperan los giennenses y lo que esperan lograr los políticos en materia de reformas. Me refiero al ruido que se masculla en la ciudad cuando un partido propone algo y el otro partido de modo incomprensible, expone argumentos diametralmente opuestos para que no salga adelante. Los políticos no tienen otra cosa que hacer que dejar proyecto tras proyecto en el imaginario de unos ciudadanos que son incapaces de adivinar cuál de ellos será una realidad y cuál no. Las alcaldías caen al inmolarse por causas como ésta, es decir, por la falta de acuerdos adquiridos con la ciudadanía. Es importante destacar que todo cae en la irrelevancia por una mezcla de mano negra y maldición arraigada que a los jiennenses no les permite disfrutar de una ciudad avanzando a un ritmo apropiado. Solo hay que acatar el fallo de las urnas que son las que facultan al partido ganador a reformar las ciudades, lo contrario es impedir que algo llegue a buen fin para justificación de una historia que nos enseña que hay que minimizar las influencias involucionistas. Lo cierto es que en Jaén cuesta que cuajen iniciativas que por sistema suelen caer en saco roto. Me gustaría creer que pueden resolverse estos entuertos partidistas que no conducen a nada, porque no culminan unos proyectos que llevan tiempo esperando una resolución positiva. En los tiempos que corren, no queda otra que corregir un sempiterno desequilibrio estructural que reafirma la escasa voluntad democrática de resolver las actitudes políticas. Fuera dilemas que enfrentan a los unos con los otros, debemos contribuir, políticos incluidos, en el desarrollo y avance de una sociedad que debería estar jugando, con energía y diligencia, un papel decisivo en la trayectoria emprendedora y económica de Andalucía. Existen medios para prosperar y Jaén con sus sesenta y cinco millones de olivos tiene la oportunidad de demostrarlo, espero y deseo que no se quede con las manos vacías por mor de una mano negra que no combate el absurdo partidismo caciquil y dejan al ciudadano al margen de lo previsto en las decisiones que se toman sobre cuestiones estructurales que han visto correr los tiempos sin que apenas cambiara nada al paralizarse los proyectos que hubiesen relevado a Jaén del papel secundario en el paisaje andaluz. Controlar el futuro es conocer de antemano lo que va o no va a ocurrir, y lo conoce la gente emprendedora y creativa que existe en Jaén, pero siempre choca con un muro que le hace desistir del empeño y acaba alejándose de su tierra. Qué pena de talento desperdiciado, qué de valores y habilidades malgastadas por no tener una salida laboral en la tierra que la vio nacer. La situación podría mejorar si se eliminasen las tensiones partidistas que nunca tendrán una explicación lógica. Antes está el desarrollo económico y social de Jaén: capital y provincia estratégica para el desarrollo nacional. Sería indecente no criticar lo que ocurre y fingir que todo marcha bien mientras las lealtades al interés del ciudadano se ven comprometidas por el poder en la sombra que marca el camino que debe seguir la sociedad jiennense año tras año.