No es chauvinismo barato que tanto se usa por estos lares mollares, sino una realidad tangible aunque los nacidos en Jaén somos muy cortos en echarnos flores, algo parecido a lo que algunos garrulos digan que lo suyo es lo mejor del mundo, modestia por otra parte que nos aleja del egoísmo tan usual hoy en día. La leyenda del escudo de nuestra ciudad es bien claro y evidente: muy noble y muy leal ciudad de Jaén, guarda y defendimiento de los reinos de Castilla. Jaén es un hito histórico, poblacional y humano, aún por descubrir. Las numerosas excavaciones llevadas a cabo en Marroquíes Bajos, más las que te rondaré morena, son un botón de muestra de que Jaén fue un emporio de civilizaciones, del que nos tenemos que sentir orgullosos de nuestro floreciente pasado. El barrio de la Magdalena es un cofre con incrustaciones de taracea que huelen a sándalo, el olor que tanto agradece mi pituitaria. Los leones de piedra, encontrados en el barrio de la Magdalena en unas excavaciones y que fueron robados en el pintoresco Portón de los Leones, fue un atentado a nuestras raíces culturales. Estos leones, por cierto, desaparecieron por arte de magia y las pesquisas de la vigilancia, no dieron un resultado satisfactorio.