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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

JAÉN: 85 años

Todo recuerdo forma parte de un modelo de renovado aliento. Reflexión acunada sobre un concepto de espíritu kantiano; cuyo principal vector parecería transitar desde el romanticismo, al llamado idealismo trascendente. Sí, una ética de la memoria que, algo así como dos siglos después, reavivaría la imagen de su propio modelo de existencia hasta enlazar con el pensamiento de Vladimir Nabokov, donde memoria y estética pueden caminar sobre el mismo corcel. En el caso del escritor ruso, lindera con la geografía de sus años más tempranos. Tiempo ocupado por un modo de vivir en los lugares aledaños a la infancia remontada por momentos en los que militaban la frialdad del desdén y el abrazo de la comprensión. Sensación de una memoria involuntaria que, sin embargo, aún percibe el efecto de las primeras hierbas de la primavera sobre los dedos de la mano, el gozoso frescor del otoño en el olivar, o el misterio que podían ocultar las hojas de aquel periódico, cuidadosamente doblado, que su padre dejaba los domingos sobre la modesta mesa del comedor.

Sí, con el andar de los años contraemos deudas con nosotros mismos, pero también con quienes han formado y forman parte de nuestro vivir. Pues bien, algo de esto me ocurre con Diario JAÉN, cuya vida comenzó el día 1 de abril de 1941. Esto es, cuando a este memorioso escribidor que nada tiene que ver con el protagonista del prodigioso cuento de Borges, solo le hacían falta, exactamente, 28 días, para cumplir los dos primeros años. Desde entonces el periódico y yo no hemos dejado de crecer y desarrollarnos de modo paralelo, siendo yo quien repetidamente, ha recibido mayores atenciones de este hermano menor que sigue acompañándome y acompañándonos, tanto a modo de afecto, cuanto de manera cultural y profesional. Al cabo, dádivas sobre las que comencé a reparar en Rañeces, Asturias, un 15 de agosto de 2001. En efecto, desde Estados Unidos, un amigo, historiador por más señas, me enviaba un WhatsApp con una contraportada de Diario JAÉN en la que aparecía un trabajo firmado por Juan Espejo, con el siguiente título: “Ay Miguel, reconocido Viribay”. Latido personal que me dejó un tanto conmovido y eternamente endeudado, así he de manifestarlo, pero también, de haber estado en Jaén, huérfano de libertad para salir a la calle ante la generosidad del autor del artículo y director de Diario JAÉN. Consideraciones, en fin, que, además de dejarme conmovido, me acercaron a la memoria otra contraportada del periódico muy emotiva. Se trata de un trabajo, probablemente publicado en septiembre de 1964, firmado por el sevillano Lorenzo Guerrero Palomo, abogado y, a la sazón, crítico de arte y colaborador de Diario JAÉN, a quien aquel cabal y candeal periodista que fue don Tomás Moreno Bravo, en función de director del periódico por ausencia de don José Chamorro Lozano, confió al referido colaborador el tratamiento informativo del premio que me habían otorgado en Segovia, como representante de la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia. Centro en el cual, por aquellas calendas, cursaba la carrera de Bellas Artes.

Recuerdos en fin que se me acercan a la memoria, entrelazados con este ya muy veterano y avezado “Trepabuques”. En cualquier caso, ¿verdad?, páginas para verificar y matizar hechos históricos, pero también remembranzas entre las que cabe alguna anécdota, como la relatada por don Manuel Caballero en torno a una fotografía de doña Concha Espina, en la que, según un pie de foto, aparecía la escritora con el ceño fruncido. Esto sí, en el lugar de la “e”, se había desplazado una “o”. Tal es, nadie lo dude, la grandeza de ese periodismo que nace y muere todos los días, merced a unos profesionales que, en infinidad de ocasiones, parten de sus casas sin conocer esa noticia que, junto a su veracidad, ha de ser editada para esas mayorías que aún, bajo la avisada y restrictiva pupila de Juan Ramón, son llamadas inmensa minoría. Con todo, noticias sociales, pero también culturales para lectores de diferentes sensibilidades y credos. En cualquier caso, como se dice en otros medios, escritura en directo. No, obviamente, aquí no figura el reposo del sesudo especialista en cualquiera de las parcelas que conforman lo que nos han mentalizado, que no educado, para llamar cultura. Sin embargo, sépase, en las páginas de este periódico, como en las de otros medios similares, figura esa cabal información que mañana ha de ser precisada por los historiadores más cabales y afines a esa verdad que, separada de la fría estadística, emana del aliento popular, cuyos efectos parecerían corresponderse con los de aquel cristal, un tanto impreciso pero absolutamente veraz, en el que figuraba el correlato de un deambular por un territorio que conserva las marcas del pasear gozoso, un tanto diluido y difuminado, por el correr de los años y la distancia. Años, en fin, mediante los cuales, va quedando marcado el nivel del mercurio en nuestro termómetro social, territorio que, efectivamente, debería trascender del yo que venimos argumentando, a ese nosotros que cada día espero en las páginas de este veterano diario que este año cumple 85 años. Venga, muchas felicidades JAÉN y a cumplir otros tantos.