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Humillados y ofendidos

Así es como se siente una mayoría de españoles en medio de estos sofocantes calores veraniegos, de estos nuevos y trágicos fuegos que están arrasando lo que con tanto trabajo construyeron nuestros padres y abuelos. Mucho ha cambiado todo desde aquel tiempo en que una España rural estaba en apogeo, en que se laboraban los campos de sol a sol. Hoy aquellos pueblos avanzan irremediables hacia sus propias ruinas. ¡Todo sea por el progreso de unos pocos que, desde confortables despachos, hacen doctrina de un falso e improductivo ecologismo! Los pueblos no son tan necios como algunos suponen. Saben que las leyes las elaboran siempre los de arriba para que paguen sus consecuencias los de abajo. Estamos cada día más controlados y enfrentados por los poderosos, por quienes quieren controlar a la justicia para ellos sentirse impunes. ¿Es constructiva o ejemplarizante una sociedad que premie a trileros, que desprecie a los que más se esfuerzan por el trabajo responsable y decente? ¿Vamos a defender el absentismo laboral y el enriquecimiento ilícito? Nos quieren dóciles y silentes. Humillados y ofendidos.