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miércoles, 19 junio 2019
13:56
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URGENTE
Imagen María José Lechuga Sutil
María José Lechuga Sutil

Huertos antiestrés

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Hay pequeñas cosas en la vida sobre las que me gusta reflexionar, sobre todo si son positivas. Resulta que por herencia familiar recibo aquí en mi pueblo Cambil, un trozo de tierra al que le llamo “solar”, pero no es tal, puesto que no está aún urbanizado y, por lo tanto, no se puede poner allí ni un ladrillo. Ante esta realidad, mi marido y yo pensamos en qué utilidad le podríamos dar a ese terreno hasta tanto se nos permita edificar en él. Fue así como surgiría la idea que dio origen a una de las mejores experiencias de mi vida hasta ahora. Primero fue cercar el perímetro, después arar la tierra, quitar las piedras y otras impurezas, abonar y empezar a sembrar. Comenzamos por diseñar un sistema de riego y por plantar árboles frutales, tales como cerezos, perales, manzanos, ciruelos y melocotoneros, entre otros. Y en el suelo, verduras y tubérculos varios, como habas, alcachofas, pimientos, tomates, pepinos, ajos y cebollas... A través de esta actividad, solo he encontrado ventajas, pues aunque nunca he perdido el contacto con la naturaleza, me ha servido para concienciarme aún más sobre la necesidad de cuidar y preservar el medio ambiente. Además de estimular el autoconsumo con productos naturales ecológicos, me ha servido para relajarme, distraer la mente después de un día de trabajo, hacer ejercicio; en definitiva, es una buena, sana y barata medicina para combatir el estrés. Es muy gratificante mantener el huerto limpio, cuidado, libre de malas hierbas, viendo crecer las plantas y finalmente recogiendo y degustando los resultados. He aprendido muchas cosas nuevas acerca de las labores agrícolas, de cuales son los productos de temporada y las formas de transplantar. También, y un tema muy interesante, he aprendido, a través de la implicación de mi madre, la tradición de hacer conservas tanto de frutas como de verduras, de forma totalmente artesanal, sin colorantes ni conservantes, en tarros de cristal y al “baño María”. ¿Abrimos uno de tomate y nos hacemos una pipirrana?