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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Hojas del calendario

Cada hoja arrancada del calendario es una anáfora del olvido. Envejecer nos resulta un viaje extraño, un territorio ajeno donde el cuerpo se vuelve perecedero, pero el alma persigue la belleza de lo esencial. Es ahí, en ese sutil caer de los años, donde descubrimos la hermosa, pero también cruel, fugacidad de nuestra existencia. Nos aterra la vejez porque nos recuerda que somos algo frágil que se desvanece entre los dedos de la vida. Sin embargo, envejecer con “poesía” es aprender a anidar el presente con la hermosura de los viejos árboles. La realidad nos golpea un día cualquiera, al mirar esa fotografía donde tus padres te cogían de la mano para enseñarte a caminar. Con el tiempo los papeles cambian; ahora eres tú quien debe sostenerlos y tomar decisiones por ellos. De niños somos dueños de un futuro infinito, y hoy nos descubrimos desnudos ante un mundo cambiante y caótico. El tic-tac sigue ahí, pero la madurez no es un naufragio, sino un oleaje en calma. Aprendemos a valorar el silencio y a entender que el éxito no era llegar primero, sino saborear cada trecho del camino, por breve que sea. Las hojas del calendario caídas no son pérdidas, son tu historia. Hagamos que cada hoja arrancada merezca la pena.