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Hagamos un trato

Con todo lo que saben de eso los ferroviarios, a los que vengo tratando tan de cerca, de seguro que, a estas alturas, nadie sabe de trenes más que DonUsted —y usted perdone por apearle el DonVuecencia— aunque sea por vía de negación, que es esa por la que, tras mucho amagar que se va a hacer, ni se hace nada de provecho ni se llega a ningún sitio antes del cese decidido por DonSánchez.

Lo dicho: consumada su regencia, usted perderá además el empleo desde el que viene desfogándose con tanto coraje como nosotros perdimos nuestros trenes convencionales. Eso sí: como a Blas de Otero, nos queda nada menos que la palabra. La misma que, tras alzarse en la Estación de Linares−Baeza desde 300 bocas bravas, seguirá tenaz, clamando que quien haya de venir a sustituirle no se nos desmande y le dé por perder el tiempo diseñando baipases mientras nos arranca del alma nuestras vías de siempre como si fuera breña de fragua de San Antón: Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré como un anillo al agua / si he perdido la voz en la maleza /me queda la palabra.

Ni se figura la sed que pasamos el día de la Estación de Linares-Baeza, demandando lo que desde siempre había sido nuestra vida, y resultó ser nada tras pasar DonUsted por ese Ministerio cuyas puertas se le cierran ahora como al DonTenorio se le cerraron las del cielo. Si he sufrido la sed, el hambre, todo / lo que era mío y resultó ser nada / si he segado las sombras en silencio / me queda la palabra.

Visto que parece que pasa usted al desempleo, hagamos un trato al más puro estilo del trato Benedetti: usted, aunque ya no tenga ni coche oficial porque se lo han alzado desde el BOE, ni tren a Jaén porque nos lo alzó usted mismico, se alarga hasta Jaén el próximo día 7 de noviembre y, para purgar culpas, se une a nuestra manifestación, pidiendo a quien lo sustituya que tenga el talento de devolvernos lo que nos pertenece.

Ya puestos, si lo del AVE por Montoro iba en serio —que yo me pienso que no— propóngale que retome el proyecto, y aquí no ha pasado nada. Bueno, pasar sí ha pasado. Sin ir más lejos, su excolega, la exministra Matilde Fernández, tuvo venir a Jaén a dar una charla sobre soledades, y casi no llega por culpa de quien nos haya alzado los trenes. A la probetica mía hubo que mandarle un taxi a recogerla hasta Córdoba, a donde llegó desde Madrid dando un rodeo en AVE, para poder contarnos cómo se lleva lo de aguantar las payuelas de la vejez porque a un jovenzano le dio por descarrilarnos nuestra maquinaria. El caso es que usted todavía está a tiempo de redimirse. ¿Que cómo? Muy sencillo. Ya que no supo, o no pudo hacer lo que debía, siendo el DonMinistro de los trenes, practique su fama de lenguaraz, y ponga su deslenguada lengua al servicio de los damnificados por usted mientras ofició de DonVuecencia.

¡Venga, hombre! Échele valor e indúltese. Alárguese a Jaén y sufra en sus carnes el resultado de sus desatinos. Luego, contrito, si es que sabe cómo se hace eso, en lugar de mirar cómo subimos desde la Estación de los trenes perdidos hasta la Plaza de las perdidas Palmeras, únase a la comitiva y grite con nosotros: queremos que el siguiente/ no sea otro Óscar Puente.

Porque, visto lo visto —siniestros, aluviones, incidencias mil—, a lo mejor es que usted es gafe y devasta todo lo que toca. Habrá que advertir a quien entre a mandar que antes de poner un nuevo DonMinistroTrenero pida informes y le haga jurar por sus muertos que lo pasado, pasado está si se devuelve al presente como estaba; y que, en el futuro, ni se le ocurra tocar un tramo de vía sin antes asegurarse de haberle depurado el maldeojo o no volvemos a mirarle a la cara. Porque a nosotros todavía nos quedan arrestos para seguir alzando la voz contra esos cerriles que se creen que con denigrar a troche y moche ya lo tienen todo ganado.

Pues mire usted. ¡No!

Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria / si abrí los labios hasta desgarrármelos / me queda la palabra.

¡Nos queda la palabra!